Fernando Lusson
VÍA DE SERVICIO
Profesión de fe frente a presunción de culpabilidad
DÍAS Y COPLAS
Hay crónicas que se repiten como la gotera que está pendiente de arreglar. Cae y cae y el fontanero no aparece. La crónica desde el pasillo del juzgado espera con alfombra roja y llega otra semana horribilis; mientras la filtración va destruyendo el techo. El juzgado ya no es el último recurso del perdedor, es el nuevo entre bastidores. Hoy no eres nadie si no tienes una citación judicial en el móvil. Antes se iba al juzgado con vergüenza y ahora se va con estilista.
En la acera del edificio de tribunales hay más fotógrafos que en la entrega de los Goya. El ejemplo es esta semana donde por primera vez la mujer de un presidente del Gobierno fue llamada a comparecer ante un juez, y también estrenándose el primer ex presidente imputado y a su vez sigue el juicio de las mascarillas; mientras la directora de la Guardia Civil responde en el Senado, y siempre con la sensación ciudadana de que se demanda al espejo por difamación.
Todos llegan con las gafas de “no me ven” y salen con las de “me ven demasiado”. Con este panorama, tener cerca al jefe de los jueces da una mezcla curiosa de respeto, vértigo y empiezas a repasar tu vida como si fueras a declarar en “prime time”. Porque claro, uno puede estar tan tranquilo comentando el tiempo y, de pronto, recordar que esa señora, que es elegante, serena e imperturbable, firma sentencias que podrían ordenar desde un archivo de papeles hasta un terremoto institucional.
La presidenta del Supremo y del Consejo General del Poder Judicial es desde este lunes faro que ilumina la distinción Gallego del Año del Club de Periodistas Gallegos en Madrid
Da también un punto de orgullo patrio, como quien dice que al lado tengo a la persona que mantiene en equilibrio el tinglado jurídico del país. Pero sobre todo da una tentación irresistible a comportarse mejor. Y, aun así, hay algo entrañable cuando la presidenta Isabel Perelló sonríe porque uno entiende que la Justicia no solo es ciega, sino que tiene sentido del humor, o al menos paciencia infinita para aguantar a quienes creen que un juez es alguien que aparece solo en las películas.
La presidenta del Supremo y del Consejo General del Poder Judicial es desde este lunes faro que ilumina la distinción Gallego del Año del Club de Periodistas Gallegos en Madrid. Se ha convertido en impulso a seguir jugando su partido en la Justicia y llama a que los periodistas lo sigamos en la profesión que nos une, que es el equipo de la verdad. Sin verdad no hay justicia, sin justicia no hay noticia y sin noticia no hay semana horribilis. Es el círculo de la vida, versión 2026. El papa León XIV nos recordó que la verdad no se grita, se cuida y ese detalle de que los jueces no levantan la voz, pero levantan el país entero si hace falta ha quedado en el aire como un salvavidas institucional, discreto, silencioso y siempre dispuesto a aparecer justo cuando alguien decida confundir la ley con una tertulia de sobremesa.
Al final, tener cerca al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, al presidente de la Sala Contencioso Administrativo del Supremo, al secretario general del Consejo General del Poder Judicial y a la misma Isabel Perelló da también una tranquilidad rara, como la de viajar con un extintor humano. Sabes que, si algo arde, somos Europa y alguien tomará nota, abrirá diligencias y lo apagará con un auto motivado.
Esta semana horribilis pasará. Habrá desfile por los juzgados, y el juzgado quedará en sus vidas. Al final, España funciona como un Camino de Santiago que tenemos para buscarnos por dentro, y tenemos un juzgado de guardia para encontrarnos por fuera. Los dos exigen paciencia y los dos tienen cola.
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