De España, a Trump solo le interesan las bases

LAS CLAVES

Publicado: 08 mar 2026 - 06:10
Entrada a la base naval de Rota, en Cádiz.
Entrada a la base naval de Rota, en Cádiz. | Europa Press

El problema para los sucesivos gobiernos españoles es que el interés de Estados Unidos por nuestro país es muy limitado: las bases. A lo largo de los años mostró interés hacia el proceso de Transición, considerado un hito en el mundo por la firmeza y rapidez con el que se produjo el tránsito de una dictadura a una democracia. También se ha producido crecimiento en la colaboración económica y empresarial, y mucho tiempo después en la Defensa, desde que España se integró en la OTAN y era ya miembro de la UE cuando la UE pisaba con fuerza en el escenario internacional. Pero, que no se equivoque nadie, como no se equivocaron los jefes de gobierno que se habían tomado la molestia de estudiar el comportamiento de EEUU respecto a España: al país americano solo le interesaba una cosa de España, las bases de Rota y Morón.

En pleno aislacionismo internacional de España durante la dictadura franquista -solo formamos parte de la ONU desde 1955- se abrió un capítulo importantisimo cuando llegó Dwigt Eisenhower a la Casa Blanca. El nuevo presidente inició unas tibias relaciones con España, casi de tanteo, hasta que se produjo el gran acontecimiento de la política exterior de Franco: la visita de Eisenhower en 1955, que aterrizó en Torrejón con Franco a pie de la escalerilla y un millón de madrileños en las calles -según las manipuladas cifras oficiales- aclamándole.

La visita tenía un objetivo: ratificar el pacto de Madrid firmado seis años antes, por el que Estados Unidos construía cinco bases “de utilización conjunta” en territorio español, que con los años se quedaron en dos, Morón y Rota. La primera aérea y la segunda naval. En el Pacto se recogían las contraprestaciones de tipo económico y técnico que recibiría España.

Controlar el Mediterráneo

Estados Unidos sabía lo que hacía: un país empobrecido y aislado como un apestado, estaría abierto a un acuerdo tan importante con la que en aquel momento era la principal potencia mundial. Para la presidencia americana y sus jefes militares tan obsesionados con la guerra fría, la rivalidad con la Unión Soviética, contar con bases en Rota y Morón suponía controlar la entrada del Mediterráneo y tener cercanía para sus buques y aviones militares con el continente africano. Las bases serían utilizadas para repostar sus aparatos, facilitar su mantenimiento permanente y tenerlas como punto de entrada y de salida de aviones y buques que operaran en el Mediterráneo, el Golfo y Atlántico.

A lo largo de los años, las dos bases han sido clave para todas las guerras, intervenciones militares y contiendas menores que se han producido en tan amplia zona. De utilización conjunta, la realidad era que esa utilización la acaparaba casi en su totalidad Estados Unidos. En cuanto a las relaciones entre los dos gobiernos, se han producido choques muy notables a lo largo de los años.

En esas relaciones han sido clave el rey Juan Carlos primero y el rey Felipe después. Ambos han recibido y visitado a los presidentes sucesivos y en varias ocasiones han limado las asperezas que se produjeron entre los dos gobiernos, sobre todo en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. No ocurrió lo mismo con Felipe González, sin duda el político español con más conocimiento e incluso experiencia en política internacional cuando llegó a la Moncloa.

A Sánchez alguien ha debido alertarle en los últimos días tras pronunciar un sonoro “No a la guerra”

Coincidió con Ronald Reagan, pero el comportamiento de ambos fue de absoluto respeto, y su trato con George Bush –(padre) fue impecable por encima de las discrepancias que mantuvieron. Tanto es así que cuando Felipe González perdió las elecciones en el año 96 contra José María Aznar, recibió una invitación del presidente americano que ponía a su disposición, y la de su familia, su residencia particular de verano para que descansara después de los años turbulentos como jefe de gobierno. Invitación que Felipe agradeció aunque no hizo uso de ella.

Aznar pasará a la historia como el presidente español que mantuvo mejores relaciones con Estados Unidos, y su cercanía con George Bush (hijo) marcó su política exterior y en cierto sentido marcó también su mandato presidencial, muy contaminado por la guerra de El Golfo. De hecho, su apoyo a la guerra marcó la trayectoria de Mariano Rajoy, candidato del PP a las elecciones siguientes, que contra todo pronóstico ganó José Luis Rodríguez Zapatero gracias a que tres días antes se produjo el brutal atentado de Atocha.

En una maniobra desacertada, torpe, y que fue considerada un engaño inaceptable, Aznar hizo todo lo posible para hacer creer que el atentado era obra de ETA cuando se aceptaba ya que lo habían organizado terroristas islamistas. Aznar temió que el resultado fuera adverso para el PP si se ligaba su apoyo a la guerra como causa del trágico atentado.

Inapropiado "No a la guerra"

Zapatero no pudo empezar su mandato con peor pie en lo que se refiere a Estados Unidos. Su “No a la guerra” lo llevó a que antes de que echara a andar su gobierno, ya había anunciado la retirada inmediata de las tropas españolas en Irak, de donde salieron con más pena que gloria y algunos gritos injustos de “cobardes”. Antes, había cometido la enorme falta de respeto de permanecer sentado en su asiento cuando, el Día de la Fiesta Nacional, pasó ante la tribuna de invitados la bandera americana.

Durante todo su mandato presidencial, Zapatero hizo alarde de antipatía hacia Estados Unidos, y como ocurre con frecuencia en la diplomacia, a actos de desapego de la Casa Blanca hacia los dos últimos presidentes socialistas españoles, Zapatero y Pedro Sánchez, se pasaba a las escenas que supuesto acercamiento. Falsos pero necesarios. A un intento de Sánchez de que Biden le saludara en un pasillo en la sede de la OTAN en Bruselas, el americano ni siquiera le miró. Pero le recibió en la Casa Blanca mucho después y se cruzaron frases de amistad y colaboración.

Rajoy, el presidente entre los dos presidentes socialistas, no abrió brechas, se limitó a mantener las relaciones con Estados Unidos muy en la línea de otros países de la Unión Europea. Sánchez sin embargo hizo méritos para que Trump, en sus dos mandatos, demostrara una inquina absoluta hacia el presidente español, al que consideraba un peligroso comunista. Sánchez respondió con la misma moneda, y en el segundo Gobierno de Trump se negó taxativamente a aceptar las exigencias económicas y de Defensa que trataba de imponer n la OTAN. Pero no le salió bien la estrategia a Sánchez, porque lo que provocó fue que tanto sus compañeros de la UE como de la OTAN no tardaron en marcar distancias con el presidente español por su falta de compromiso con la Defensa con mayúsculas que se vivía con la guerra de Ucrania, que amenazaba seriamente a la estabilidad de Europa. También quiso diferenciarse Sánchez con la guerra de Gaza, donde en su empeño de apoyar sin fisuras la causa palestina, marcó tanta distancia con Israel que el ex ministro Borrell, en sus últimas semanas de responsable de la política Exterior y de Seguridad de la UE, tuvo que recordar al presidente español que los miembros de la UE están obligados a asumir determinadas decisiones aprobadas por la Comisión y el Parlamento Europeo.

Ante el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, que ha provocado la muerte del Jefe Supremo Ali Jamenei, víctima de un bombardeo, Sánchez no se ha aliado con Irán pero sí se ha desmarcado de Estados Unidos y, sobre todo, de Israel. Ante la mayoría de los dirigentes internacionales, el español pretende tener papel propio ante una situación de emergencia máxima porque puede derivar en guerra.

A Sánchez alguien ha debido alertarle en los últimos días sobre el peligro de mantener esa postura, que coloca a España fuera del mapa en el que se toman las grandes decisiones sobre política internacional, Seguridad y Defensa y, tras pronunciar un sonoro “No a la guerra” urbi et orbe, que ha sido recibido en algunos despachos de poder españoles y no españoles con escándalo, por su tinte electoralista y por sus graves repercusiones políticas y económicas, ha enviado la mejor fragata de guerra española para cooperar con los buques de guerra europeos que han acudido a auxiliar a Chipre, miembro de la UE bombardeado por Irán. Una rectificación en toda regla.

Pedro Sánchez se resiste a asumir que su antipatía por Estados Unidos -propia de sus tiempos universitarios- no se puede aplicar a la política de Defensa cuando se ocupa la presidencia de gobierno.

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