Esperando al próximo incendio

Publicado: 02 jun 2026 - 01:10
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Se repiten los mismos patrones. Un incendio en pleno centro de Ourense. Un edificio abandonado en la confluencia de la avenida de As Caldas con Vicente Risco. Ocupaciones. Consumo de drogas. Riesgo para quienes malviven en su interior y también para los vecinos que residen en las inmediaciones. Un gran dispositivo de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Bomberos, Protección Civil y servicios sanitarios movilizado nuevamente. Calles cortadas, humo, sirenas, preocupación e inseguridad. Y otra vez la misma pregunta: ¿cuál será el siguiente edificio en arder?

Lo ocurrido el pasado sábado en la confluencia de la avenida de As Caldas con Vicente Risco no puede analizarse como un hecho aislado. Tampoco como una simple fatalidad. Es la repetición de un patrón que Ourense lleva demasiado tiempo viendo crecer entre edificios abandonados, personas sin hogar, adicciones, problemas de salud mental, degradación urbana y una evidente ausencia de respuestas públicas eficaces.

Hace apenas quince días ardía la conocida Casa dos Baños. Allí también existían okupaciones, consumo de drogas y situaciones de riesgo. Primero se produjo un incendio durante la noche del martes. Después, el Concello tapiaba el acceso. Y, apenas unas horas más tarde, en la madrugada del jueves al viernes, se registraba un nuevo fuego en el interior. Meses atrás, otro incendio afectaba a un inmueble abandonado en la rúa Río Arnoya, hace un año a otro en la avenida de Zamora 59-61, poco antes en la travesía de Río Limia. Y podríamos seguir sumando ejemplos, porque no son pocos los espacios degradados de la ciudad que se han convertido en refugio improvisado para personas completamente desarraigadas.

Conviene decirlo con claridad: esta realidad no se resuelve únicamente con policía, sanciones o tapiados

Cada incendio genera titulares. Cada incendio provoca alarma. Cada incendio moviliza recursos. Pero una vez apagadas las llamas, el problema continúa exactamente donde estaba. Porque el problema no desaparece cuando se tapia una puerta. No desaparece cuando se coloca una valla. No desaparece cuando se expulsa a quienes okupan un inmueble. Simplemente se desplaza a otro punto de la ciudad. Las personas que estaban en el edificio calcinado seguirán necesitando un lugar donde pasar la noche. Seguirán huyendo del frío, de la lluvia y de la intemperie. Seguirán arrastrando adicciones severas, trastornos mentales cronificados, rupturas familiares o una exclusión social extrema. Y, si no existe una alternativa real, buscarán otro inmueble abandonado, otro bajo vacío, otro portal, otro rincón donde sobrevivir.

Conviene decirlo con claridad: esta realidad no se resuelve únicamente con policía, sanciones o tapiados. Por supuesto que la actuación policial es imprescindible cuando existen delitos, riesgos para la seguridad o problemas graves de convivencia. Pero el origen de esta situación no es solo policial. Es social, sanitario, urbanístico y político.

En torno a muchas de estas okupaciones aparecen delitos conexos y problemas de convivencia: enganches ilegales a la red eléctrica, daños estructurales, acumulación de basura, focos de insalubridad, peleas, amenazas, lesiones, tráfico y consumo de drogas o alteraciones constantes. Todo ello afecta directamente a vecinos y barrios enteros.

También existe una responsabilidad evidente por parte de quienes mantienen inmuebles abandonados durante años sin garantizar unas mínimas condiciones de conservación o seguridad. Sin embargo, incluso aunque mañana se tapiasen todos los edificios ruinosos de la ciudad, el problema seguiría existiendo. Porque las personas que hoy viven dentro de ellos continuarían sin tener un lugar donde acudir. Ourense no tiene un problema de incendios. Tiene un problema de abandono institucional que acaba manifestándose en forma de incendios. Y ahí está el verdadero debate que todos seguimos evitando.

La ciudad lleva demasiado tiempo reaccionando únicamente cuando se produce una emergencia

Ourense necesita un albergue de baja demanda. No dentro de unos años. No después de nuevos informes. No cuando vuelva a producirse una tragedia. Lo necesita ahora. Un recurso de estas características permitiría ofrecer algo tan básico como un lugar donde dormir, asearse y recibir una primera atención social y sanitaria a personas que hoy quedan fuera de los dispositivos convencionales. No se trata de crear espacios sin control. Se trata precisamente de sustituir el descontrol actual por una respuesta organizada, profesional y humana.

Esta vez, afortunadamente, no hubo víctimas mortales. Seis personas tuvieron que recibir atención sanitaria por inhalación de humo. Pero la pregunta resulta inevitable: ¿qué ocurrirá la próxima vez? ¿Seguiremos esperando a que el siguiente incendio sea más grave? ¿Seguiremos actuando únicamente cuando las llamas ya estén saliendo por las ventanas? ¿Seguiremos hablando solo de daños materiales hasta que tengamos que lamentar lesiones graves o pérdidas humanas? Porque quizá la próxima vez el fuego afecte a viviendas próximas. Quizá la próxima vez haya vecinos atrapados por el humo. Quizá la próxima vez el balance no pueda cerrarse diciendo que “solo” hubo intoxicados. Y entonces volveremos a escuchar que era imprevisible. Pero no lo era.

La ciudad lleva demasiado tiempo reaccionando únicamente cuando se produce una emergencia. Mientras tanto, el problema continúa creciendo de forma silenciosa entre edificios abandonados, personas completamente excluidas y barrios que observan cómo determinadas situaciones se cronifican sin una estrategia clara. Hace falta exigir responsabilidades. Hace falta recuperar espacios degradados. Hace falta ofrecer alternativas reales. Y hace falta voluntad política para afrontar una realidad incómoda que lleva demasiado tiempo escondiéndose detrás de cada nuevo incendio. Porque los incendios se apagarán. Los edificios se tapiarán.. Los vecinos seguirán preocupándose. Y las personas más vulnerables seguirán desplazándose de una ruina a otra.

La verdadera cuestión es si vamos a seguir esperando al próximo incendio en un edificio con okupas en su interior para volver a hablar de todo esto. Seguramente sí porque es difícil que cambie mientras miremos hacia otro lado cuando nos cruzamos con una de estas realidades en cualquier calle o esquina de nuestra ciudad.

Contenido patrocinado

stats