Francisco Peña
La rebelión de la decencia
Por qué se llega a negar su existencia y la de sus discípulos (“analfabetos” que tuvieron la osadía de expandir su mensaje por el mundo), ignorando a Cornelio Tácito, que escribe cómo persiguieron a los cristianos, y a Suetonio, quien reafirma a Tácito en sus escritos, o a Plinio el Joven, a Flavio Josefo, por no citar el comunicado enviado por Poncio Pilato a Roma (cumpliendo la obligación de comunicar toda sentencia de muerte), e incluso fuentes judías como el Talmud, con varias alusiones a Jesús?
Leyendo los Evangelios que narran el nacimiento del Niño-Dios, tuvo que ser en la conjunción de Júpiter y Saturno, que se repite cada veinte años, llamada triple al producirse tres veces en el año, y que en el año 7 a.C. se produjo en mayo, septiembre y diciembre, lo que coincide con lo escrito sobre la aparición y desaparición de la estrella que vieron los Magos. Esto me conduce a considerar es año el más probable, y que la visita a Herodes de los Reyes Magos se produjo en diciembre, coincidiendo con la tercera conjunción, y la estrella volvió a aparecer después de dejar el palacio de Herodes. Si añadimos que los pastores a los que se les apareció el Ángel estaban al aire libre y con una temperatura fresca, por la hoguera, consideró como más probable el nacimiento en septiembre de ese año.
Los datos científicos confirman el terremoto y eclipse que describen los evangelios del día en que murió Jesús
Dos mil años después se sigue conmemorando o disfrutando de la Semana Santa en recuerdo de lo sucedido el viernes 13 del mes nisan, víspera la Pascua judía (por los estudios que se tienen correspondería a nuestro 7 de abril del 30) cuando Jesús de Nazaret fue condenado a muerte en la cruz, lo que se hizo sin dilación al medio día y expiró hacia las tres de la tarde, curiosamente en el momento en que, según la Pascua judía, todo lo fermentado debía desaparecer de la casa para dar paso al “día de ázimos”.
Los datos científicos confirman el terremoto y eclipse (la tierra tiembla y el cielo se oscurece) que describen los evangelios del día en que murió Jesús. Coincide con lo relatado por Mateo: “Alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: ‘¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?’, esto es: ‘¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” (Mt 27, 45-46). Y: “Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: ‘Padre, en tus manos pongo mi espíritu’, y, dicho esto, expiró” (Lc 23, 44-46). Estas narraciones nos describen un Jesús divino y humano, lo mismo que unas horas antes en el Monte de los Olivos exclamó: “¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú” (Mc 13, 36), que muestra el miedo que como persona tiene al saber lo que le espera.
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