Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Que la número 2 del PSOE, nada menos que su vicesecretaria, María Jesús Montero, se quede tan fresca –y nunca mejor dicho-, tras el ingreso de Santos Cerdán en la cárcel, bajo graves acusaciones, y diga literalmente que “es un asunto de una persona que no tiene que ver con el PSOE”, cuando esa persona ajena era hasta hace unos días el secretario de organización de su partido y hombre de máxima confianza de Pedro Sánchez, a quien encargaba las cuestiones esenciales para sí mismo y su continuidad en la presidencia del Gobierno, suena a burla colectiva a los españoles o muestra del cinismo orgánico que forma parte de la estructura de esa organización que sigue usando las siglas PSOE. Pero es que, además, se va descubriendo que aquel hombre providencial sobre el que descansaba Sánchez ya había montado sus tinglados en Navarra, cuando este se presentaba como adalid de la lucha contra la corrupción que lo llevaría a la Moncloa bajo esta divisa. Y una de sus piezas de saneamiento era ya el veterano que ahora entra en la cárcel.
Desde una perspectiva global y el interés del conjuto del Estado es evidente que hace años que el PSOE necesita no ya una depuración parcial, como ahora se nos presenta como si estuviéramos ante un episodio de escasa irrelevante, y no una grave coyuntura que atrapa a sus dos últimos secretarios de organización y a un ex poderoso ministro y su asistente, todos ellos de la órbita de máxima confianza de Pedro Sánchez, que trata de presentarse como víctima de su propia buena fe, como si no tuviera responsabilidad alguna en la confianza y entrega a los sujetos sobre los que contruyó su mandato dentro del partido y del Gobierno.
Hay que refundar el PSOE, o si sigue como hasta ahora, como algunos sugieren con ironia, por lo menos dejar de usar este nombre y ponerle Partido Sanchista
Ya en mayo de 2023 ex altos cargos y figuras históricas plantearon una refundación del partido con el objetivo de superar la etapa de Pedro Sánchez y los cambios radicales que ha provocado en las ideas y en la organización de una de las instituciones políticas más importantes de la historia de España. Fue en el seno del colectivo Fernando de los Ríos donde se alumbró la idea, ante la deriva del partido. Entre los nombres implicados en aquel intento destacaba Nicolás Redondo Terreros, ex secretario general del PSOE en el País Vasco.
Su meta no era sólo desplazar a Pedro Sánchez de la dirección, sino cambiar el rumbo de la organización y recuperar la perdida personalidad de un partido que, según decían, solo quedan las siglas. La respuesta del sanchismo fue expulsar a Redondo, Leguina y otros, bajo absurdas acusaciones. Del mismo modo que ahora se propone expulsar a Felipe González y Alfonso Guerra y otros, bajo un torrente de insultos comunes “fascistas”, “traidores” y otros de costumbre. Y ahora mismo, cinco ex ministros socialistas y un largo centenar de personas de la esfera del PSOE, acaban de pedir, frente al deterioro de la calidad democrática, una convocatoria urgente de elecciones generales que desemboque en la regeneración política y ética del PSOE como un imperativo ineludible, dada su función vertebradora y la centralidad que ha ocupado en la modernidad de España. La respuesta del sachismo ha sido el repetido insulto, especialmente agravado contra Felipe González, cuya expulsión del partido se ha puesto en marcha, como es conocido. Es curioso que ahora acusen con ira al propio recreador del partido moderno en Suresnes.
Una de las acusaciones que formulan los críticos, que han sido expulsados o abandonado el partido, es que sus propias estructuras han devenido en un corpus vacío de contenido, ya que el actual secretario general y sus pares son los que concentran y ejecutan todo el poder efectivo. El que fuera secretario de Transparencia y Democracia participativa hasta 2021, Odón Elorza, luego diputado, escaño al que renunció “para evitar desencuentros”, dijo que determinados órganos del partido son “mero atrezzo” , como el comité federal y sus funciones: ¿En qué congreso del PSOE, el comité ejecutivo federal, la comisión federal u otro órgano del partido, incluido en el programa electoral, se propuso o aprobó la reforma del Código Penal, a la medida del independentismo, los indultos, la amnistía, negociar fuera de España delicadas cuestiones de Estado, o cuestiones tan delicadas como el cambio de postura con respecto al Sáhara?. Todo lo demás fueron decisiones personales de Sánchez. Hay que refundar el PSOE, o si sigue como hasta ahora, como algunos sugieren con ironia, por lo menos dejar de usar este nombre y ponerle Partido Sanchista.
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