Europeos

Publicado: 28 may 2026 - 03:40
La Región

Se cumplen este 2026 cuarenta años de la adhesión de España a la Unión Europea. Fue el 12 de junio de 1985 cuando España firma el Tratado, entrando en vigor el 1 de enero de 1986, adhiriéndonos oficialmente a la entonces Comunidad Económica Europea. Vino después el año clave de 1992 -y no sólo por las Olimpiadas en Barcelona-, al suscribir el Acuerdo de Schengen que suprimía los controles fronterizos y facilitaba la libre circulación de personas entre los países signatarios. El 7 de febrero del 92 firmamos el Tratado de Maastricht, que incluía la creación del euro, moneda que entró en circulación el 1 de enero de 2002. Adiós a la peseta.

El proyecto europeo se consolidó en 2007 con la ampliación de la UE hasta alcanzar los veintisiete estados miembros, convirtiéndonos en 2009, con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, en el motor de la Europa Moderna. Después vino el Brexit y el escenario actual donde hace falta más Europa en un mundo donde China ha surgido como segunda potencia mundial y principal competidor de Estados Unidos por el liderazgo global.

Es cierto que con el Mercado Único, actualmente el 67% de las exportaciones agrícolas españolas se destinan a otras naciones de la UE. Es verdad que somos el segundo país mayor receptor de fondos de la Política Agrícola Común (PAC) y también que hemos recibido, con el formato de fondos de cohesión, más de ciento cincuenta mil millones de euros en estas cuatro décadas. Todos somos conscientes de la importancia de esos fondos plurianuales, de apoyo a sectores como el pesquero, el empresarial o incluso los hogares, sin olvidarnos de infraestructuras como las ferroviarias o la incidencia, por citar un ejemplo reciente, de los Next Generation 2021-2027. Coincidimos en resaltar la importancia de pertenecer a esta “red” porque conocemos lo esencial que resulta que se financien proyectos de investigación en el ámbito de la ciencia y la innovación, el éxito de programas como Erasmus o la ayuda recibida en materia de emergencias ante catástrofes como las tan recientes de los incendios forestales o las inundaciones.

Somos europeos. Innegable. Pero no podemos dormirnos

Europa también se ha beneficiado de la incorporación de España a sus instituciones. Esa “españolización” de la UE hace que pueda presumir de nuestro liderazgo en pesca y agricultura, nuestro papel de potencia turística europea, tener la consideración de mayor fabricante de automóviles de la Unión o las más de cuatrocientas denominaciones de origen que atesoramos en el ámbito gastronómico. En este tiempo, España fue motor en políticas de seguridad, cohesión y vecindad, ejerciendo un papel primordial como puente con el Mediterráneo y América Latina.

La España que surgió de la Constitución de 1978 sólo podía integrarse en una Europa que miraba, entre aliviada y satisfecha, cómo resolvíamos una encrucijada donde la libertad y el progreso económico y social tenían que reinar sí o sí. Nacimos a la democracia para jugar nuestro rol en Europa con decisión y liderazgo.

Galicia también ha sabido aprovechar este entorno y aprovecha su papel para poner en marcha inversiones en la actualidad como la modernización de hospitales universitarios, la conservación de las islas atlánticas, la eficacia en la respuesta ante emergencias transfronterizas o para optimizar y gestionar los recursos hídricos utilizando nuevas tecnologías para hacerlos resilientes al cambio climático. Parafraseando a Vicente Risco, “Galicia non é , non pode ser nunca unha abstracción”.

Somos europeos. Innegable. Pero no podemos dormirnos. Esta Unión Europea cuyo lema oficial es “Unida en la diversidad” (“In varietate concordia”), adoptado formalmente en el año 2000, debe seguir la máxima de su padre fundador, Jean Monnet, cuando dejó sentenciado que “Europa no se hará de golpe ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”. Sigamos defendiéndola y potenciándola otros cuarenta años más. Como mínimo.

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