Eventos canónicos
HISTORIAS INCREÍBLES
Este nombre tan curioso suele darse a aquellos sucesos que en tu vida son radicales. Aquellos que te conforman como ser humano. No cabe huir de ellos. Tampoco responden a lo que tu prefieres. Para nada dependen de tu voluntad. Y sin embargo son absolutamente influyentes en tu personalidad.
Su característica fundamental es su inevitabilidad, van a ocurrir y punto. Son cruciales y van a moldearte, aunque tú no lo quieras. Se echarán sobre ti como una niebla húmeda y pegajosa y no vas a poder desembarazarte de ellos.
Voy a repasar algunos contigo. El primero es el propio nacimiento. Nadie va a preguntarte para ello, sino que te arrojarán al mundo, aunque llores a todo llorar. Luis Llach lo paladeaba en “Al vent”. Puedes suponer que eres bienvenido, pero puede que no. Nada tienes sino aquellos insufribles mocos.
Ya vienes equipado para la vida con unas inclinaciones inhóspitas a las que los psicólogos llamarán (porque le ponen etiquetas a todo) como Temperamento y Carácter. Tu personalidad no es tan propia como crees. Un 70 por ciento proviene de tu carga genética y sólo un 30 por ciento, te digan lo que te digan, depende de la educación que recibas ya sea en el medio familiar o en el centro educativo.
Tus padres acosados por un sistema económico que exige un trabajo continuo precisarán desprenderse de ti y te arrojarán de tu casa, lo más pronto posible, a lo que llamarán tu colegio. Allí llegarás tiritando de miedo porque te han arrancado, sin pedirte permiso, de lo que suponías tu familia y todo eso. Te sentirás sólo y desarrapado y ya quedarás marcado para siempre como un luchador permanente, de por vida.
Su característica fundamental es su inevitabilidad: van a ocurrir y punto, y sin embargo son absolutamente influyentes en tu personalidad
En la adolescencia tus padres te recordarán que aún eres suyo, pero eso lo vivirás como mentira porque hace tiempo que luchas sólo contra todo. Un montón de compañeras y compañeros te ayudarán a dar consistencia a aquello que quieres ser o a aquello que irremediablemente serás sin haberlo querido.
En ti tendrán una importancia decisiva las emociones. Buscarás lo que llamarás la otra mitad. Y esa parte que te deslumbra será un evento nuevo al que te unirás y que se conformará también como un metacentro. Tendrás la sensación de que eso puedes cambiarlo si no funciona, pero no será fácil discernir entre lo que quieres dejar y lo nuevo.
El trabajo que realices tendrá tal presión sobre ti que pensarás que para eso nadie te ha educado. Te sentirás incomprendido y de manera irremediable y canónica, sentirás que tus jefes son los más tontos del grupo. Percibirás que te miran como un puro desperdicio.
La desaparición de aquellos que has ido queriendo, por la muerte prematura (siempre lo es por imprevista, inopinada y súbita) te dejará desolado. Le llamarán duelo a ese recomponerte y ese echarles pegamento a tus pedazos… pero ya no será lo mismo.
Y un día se te pondrá el cabello blanco, perderás el gusto, perderás el olfato y para nada te valdrá el tacto. Tampoco tu voz quebrada con la que no podrás cantar con los amigos, que se habrán ido marchando silenciosamente, como tú. Y os iréis inevitable y canónicamente hacia el infinito.
En el horizonte llorarán lastimosamente los famélicos perros, mientras Sísifo seguirá empujando la pesada piedra.
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