El éxito silencioso de Paraguay

Publicado: 22 may 2026 - 00:10
El éxito silencioso de Paraguay
El éxito silencioso de Paraguay | José Paz

Paraguay rara vez ocupa titulares, y quizá por ello convenga prestarle más atención. En una región acostumbrada al más desvergonzado caudillismo, al caos económico, al colapso fiscal o monetario, a los populismos más abyectos y a las crisis institucionales sin fin, el primer país que se independizó de España en el XIX empieza a perfilarse hoy como un caso de éxito discreto: baja tributación, estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido, alternancia imperfecta pero real y una posición internacional cada vez más interesante. Su mérito es mayor aún si se recuerda de dónde viene: Paraguay sufrió una de las dictaduras más largas de América Latina, la de Alfredo Stroessner, derrocado en 1989 tras casi treinta y cinco años de poder militarista, clientelar y represivo. Desde entonces, la transición no ha sido impecable: el Partido Colorado conservó demasiados resortes, la corrupción ha seguido pesando y la calidad institucional está lejos de ser ejemplar. Pero precisamente por eso el avance importa. Paraguay ha ido dejando atrás la lógica del cuartel y del mando personal para instalarse, con tropiezos, en una normalidad constitucional que en su entorno no debe darse nunca por supuesta. En esa evolución ha tenido importancia histórica el Partido Liberal Radical Auténtico, como expresión de una tradición liberal opositora frente al viejo monopolio colorado. Pero también sería injusto negar el papel de los sectores democráticos del propio Partido Colorado (conservador), capaces de reconducir una maquinaria nacida en el poder hacia formas de competencia electoral, apertura económica y cooperación internacional. La democracia paraguaya es todavía áspera, pero se está fortaleciendo y consolidando. Y en la América Latina actual, eso ya es mucho.

El panorama económico confirma la tendencia. El Banco Mundial estimó para Paraguay una previsión de crecimiento cercana al 4,4% en 2026. El FMI proyecta para este año un avance del 4,2% y una inflación del 3,3%. Su deuda pública, en torno al 41% del PIB según el Fondo, sigue dentro de lo manejable para los estándares regionales. Nada de esto convierte a Paraguay en un paraíso: persisten problemas severos de pobreza, economía sumergida y debilidad educativa, junto a unas infraestructuras claramente insuficientes. Pero Paraguay sí muestra algo que demasiados gobiernos latinoamericanos olvidaron: la disciplina macroeconómica, unos impuestos moderados y una apertura decidida al comercio exterior producen resultados mucho mejores que el nacionalismo económico y la fantasía estatista y autárquica, que resurgen con ímpetu de manos de la nefasta “izquierderecha” regional formada por opuestos demasiado similares, diferenciados sólo por la estética. En el Mercosur, Paraguay representa además una anomalía útil. Frente al peso del tradicional proteccionismo argentino, las oscilaciones brasileñas y la frecuente parálisis del bloque, Asunción suele defender la visión más abierta, pragmática y orientada a la inversión. Su energía hidroeléctrica, su potencial agroindustrial, su ubicación logística y su estabilidad relativa lo convierten en un socio cada vez más atractivo. No tiene el tamaño de Brasil ni la sofisticación uruguaya, pero sí una combinación de costes competitivos, baja presión fiscal y margen de crecimiento que está seduciendo a los inversores.

Hay, además, una dimensión moral y geopolítica que conviene reconocer: Paraguay sigue siendo el único país de Sudamérica que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán. En mayo de 2026, el presidente Santiago Peña ha realizado una visita de Estado a Taipéi, acompañado de una delegación política y empresarial, para reforzar esa relación que resiste la presión constante del régimen totalitario de Xi Jinping. En tiempos de cobardía diplomática ante la China comunista, la lealtad paraguaya a la isla democrática merece respeto. No se trata sólo de comercio o cooperación, sino de valores: reconocer a Taiwán implica afirmar que una democracia libre no debe ser borrada del mapa por la intimidación criminal que ejerce una feroz dictadura. Con la potencia inigualable de la presa de Itaipú, unida a la alta tecnología taiwanesa, está garantizada la puesta en marcha de importantes proyectos relacionados con la economía digital, desde la fabricación de componentes hasta los centros de datos de alta demanda para la inteligencia artificial.

Paraguay tiene aún mucho por hacer: combatir con más eficacia la corrupción, fortalecer la independencia judicial, mejorar la educación, profesionalizar el Estado y evitar que las oligarquías capturen la política. Y cuidar que el Partido Colorado no confunda hegemonía electoral con propiedad del país. Pero incluso así, la trayectoria reciente es muy prometedora. Quizá Paraguay no sea todavía el ejemplo obvio para los grandes países de la región, pero sí puede ser un encomiable caso de éxito silencioso: un país que salió del militarismo, logró la estabilidad, creció sin estridencias y eligió, frente a China, permanecer junto a Taiwán. En una región tan dada al ruido, su sobriedad es toda una virtud política.

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