Julia Navarro
Barro y más barro
Ignoro si en su etapa de estudiante, pongamos en Primaria, Alberto Nuñez Feijóo tiró de la coleta a alguna compañera de clase o si “copió” en algún examen, incluso si jugando al fútbol de adolescente, si es que jugaba, dio una patada a un chico del equipo contrario. Estoy segura que si Pedro Sánchez se entera, se lo echara en cara en alguna sesión del Congreso, y así cambiará un poco el argumentario contra el líder del PP. Y es que cada vez que Sánchez quiere arremeter contra Alberto Nuñez Feijóo le saca la foto de hace años, en la que el actual líder del PP aparece con Marcial Dorado, un tipo de cuidado que fue condenado por narcotráfico.
Pedro Sánchez y sus fieles en el Gobierno y en el PSOE han salido en tromba a defender a Rodríguez Zapatero a cuenta del auto del juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama a el que se imputa al expresidente por tráfico de influencias.
Les diré que he encontrado decepcionante que Pedro Sánchez no encuentre otra manera de defender a Rodríguez Zapatero, su principal fuente de inspiración política. Se lo podría haber trabajado un poco más y encontrar otros argumentos de más peso. Pero andan flojos de imaginación los escribidores de los argumentarios socialistas porque además de la foto de Feijóo con Marcial Dorado y de acusar a los jueces de “lawfare”, no se les ha ocurrido nada más consistente.
Lo que sí resulta preocupante es que desde filas socialistas, donde han acuñado el término de “política del barro”, sea desde donde más barro echan a sus adversarios. Lo hacen cada vez que reciben una crítica. Inmediatamente tachan, de “fascista” o “extrema derecha” a cualquier que discrepe de lo que hacen o hagan la menor de las críticas. Eso incluye a los jueces.
Hay quienes defienden que José Luis Rodríguez Zapatero fue un buen presidente y esgrimen sus logros como si fueran milagros de Lourdes. Otras personas, creen, yo entre ellas, que tuvo aciertos y desaciertos, Entre los aciertos están la ampliación de derechos civiles y entre sus desaciertos están el haber abierto en canal el Estado de las Autonomías y los consensos de la Transición. Tampoco olvidemos que algunas de sus decisiones en política económica fueron lisa y llanamente nefastas. O el invento de la Alianza de Civilizaciones a instancias de Miguel Ángel Moratinos.
En estos últimos años mucha gente de la izquierda ha convertido a Rodríguez Zapatero en una especie de santo laico. Le atribuyen todo tipo de bondades y le aplauden por su alineamiento con lo peor de la izquierda mundial. Léase sobre todo Nicolás Maduro, su acólita Delcy Rodríguez y demás dirigentes de su calaña. Su buenismo empalagoso resulta impostado. Era impostado en el pasado y lo es en el presente.
El problema de Pedro Sánchez es que ha contribuido como nadie a la santificación de Rodríguez Zapatero como adalid del izquierdismo más guay del planeta. Y en el pecado lleva la penitencia.
El nuestro es un Estado de derecho, al menos hasta ahora, y uno de los pilares del Estado de derecho es la presunción de inocencia. Por tanto serán los tribunales los que dictaminen si las actuaciones de Rodríguez Zapatero son delictivas o no lo son. Pero mientras tanto, sería deseable que el presidente y sus acólitos dejen descansar su particular máquina del barro, y esperen a que los tribunales digan la última palabra sobre la inocencia o culpabilidad de las actuaciones de Rodríguez Zapatero. No me parece mucho pedir. Se trataría de que respeten las reglas elementales del Estado democrático.
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