Aquella experiencia con leones por la calle

HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL

Publicado: 05 ago 2025 - 01:50
El león en la calle y luego abatido. Llanos.
El león en la calle y luego abatido. Llanos. | La Región

Ando estos días repasando para mis memorias diversos episodios de mi más de medio siglo de periodista, primero por más breve tiempo en Ourense y luego en Vigo hasta la fecha. Y voy a ampliar el radio de mis historias sentimentales para brindas a los lectores de La Región otras aventuras que vale la pena contar. El 25 de abril de 1974 dos relevantes noticias llegaron a las emisoras. Una se refería a que, en Portugal, el Movimiento de las Fuerzas Armadas había decidido poner fin a la dictadura de Salazar. La otra era un aviso general para que fuera inmediatamente divulgado para que la población no se acercara a la Madroa, porque una pareja de leones se había escapado de sus jaulas y se había desplegado a un pelotón de tiradores de la Guardia Civil para, si no se podía resolver la fuga de otro modo, los abatieran. En esto de la fuga de leones Vigo tiene experiencia, alguna más grave, esta vez en 1983, cuando varios leones en celos se fugaron de sus jaulas en un circo y se pasearon durante horas por Orillamar y llegaron a meterse en unas furgonetas de la empresa “Mateu y Mateu en la calle de la Paz, frente a la conservera de Alfageme.

Conozco bien los dos episodios porque me tocó cubrirlos como periodista. Lo de la Madroa se atribuía a la deficiente instalación de las jaulas y a un descuido del personal cuando fueran a alimentar a ambos felinos que se llamaban “Chato” y “Diva”.

Conozco bien los dos episodios porque me tocó cubrirlos como periodista. Lo de la Madroa se atribuía a la deficiente instalación de las jaulas y a un descuido del personal cuando fueran a alimentar a ambos felinos que se llamaban “Chato” y “Diva”. Fueran un regalo a la ciudad de la antigua Caja de Ahorros Municipal que había desembolsado 100 mil pesetas por la pareja un año antes de su escapada. Eran dos ejemplares magníficos, procedentes de Eritrea. La causa oficial de la escapada fue que se dejara abierta la puerta de la jaula. El episodio, iniciado poco antes de las diez de la mañana, sin público en el parque, se prolongó hasta la mañana del día siguiente. En un principio, a falta de otros medios, se requirió el auxilio del Zoológico de Madrid que envío a un veterinario y a un tirador con un rifle de dardos adormilantes. El macho de la pareja “Chato” era más agresivo y sólo las jaulas de otros animales evitó que la cosa fuera a mayores.

Bajo el resguardo de la Guardia Civil desplegada, el tirador llegado en avión de Madrid y montado en un todoterreno acompañado con el veterinario, que dirigía la caza, se intentó abatir al “Chato” que se escapaba una y otra vez. En el cerco, aparte de la Guardia Civil, como resguardo general, también se movilizó a la policía local y hasta los bomberos que incluso usaron sus mangueras contra el felino. En un momento dado, se supo que las autoridades disponían que no haber otro remedio, el león fuera abatido con fuego real. El día fue pasando y llegó la noche. A las siete de la mañana, sin más, el león regresaría tranquilamente a la jaula, junto a su pareja, se tumbó y acabó la historia.

Pero peor fue lo ocurrido en plena ciudad en enero de 1983. Aquel día fui involuntario testigo de la escapada por la zona de Orillamar y la calle la Paz, donde resido, de cuatro leones que huyeron del circo Jumbo instalado frente a Barreras. Era la primera hora de la mañana y había dejado a mis hijos en la parada en Torrecedeira del autobús escolar. Al volver a casa, un poco más abajo de donde vivo, un grupo de empleadas de la fábrica de conservas Albo estaban comentando que dentro de una furgoneta abandonada de la empresa Mateu y Mateu había un león. Me acerqué a cerciorarme y rápidamente volví a casa y llamé a todas las emisoras locales para que dieran el aviso a la ciudad de que en la zona de Orillamar había varios leones sueltos.

La causa de la escapada es que había una leona en celo y los machos se volvieron locos, de suerte que cuatro de los seis del espectáculo lograron romper los sistemas de seguridad de las jaulas y escapar a la vía pública. Rápidamente, las policías municipal y nacional montaron un resguardo de la zona, al tiempo que los empleados del circo intentaban, de modo artesanal, por cierto, volver a cazar a los leones. Uno de los cuidadores sufriría un zarpazo en la cara a través de una jaula cuando ya se había recuperado a uno de los leones. Para intentar capturar a los escapados les pusieron como cebo un pobre asno que, literalmente, las fieras abrieron por la mitad. Poco a poco se pudo capturar a tres de los leones, pero un cuarto no se dejaba atrapar. De modo que hubo de entrar en acción un tirador de la Policía Nacional que lo abatió de un certero disparo. Este asunto puso de manifiesto que era preciso que las inspecciones que los servicios municipales se debían realizar con mayor rigor para autorizar la instalación de los circos en las ciudades. En Ourense también, claro que ahora ya no traen fieras.

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