Una exposición me hace rememorar la saga quesadiana y al río Lethes (Leça)

DEAMBULANDO

Publicado: 01 may 2026 - 00:10
Opinión en La Región
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Clausurada, semanas ha, con ese novedoso punto de fondo de una inadvertida violinista del Este europeo, la mostra monxardiniana en el Valente, en un anterior artículo, más que por la premura por la carencia de espacio omití a algunos que por allá se cayeron como Geles y Quintans, dinamizadores del espacio cultural ”Cum laude”, acaso de fugaz saludo, porque ellos de charla con ediles del Concello; también la del que fue catedrático de Prehistoria en la Universidad, Lao Castro, que en folleto desplegable dedicó poéticas palabras al artista, él también pintor; o Alfonso Monxardín, historiador y colaborador en gallego de este diario; y a los que te hallas, no dotarles de un arte que practican en la familiaridad tal el caso de Carmencita Legido que me sonaba a pintora cuando reconocida realmente lo es su hermana Ana, viuda de Fernando Quesada, de esa fraternal saga de ya fenecidos artistas: Heriberto, Carlos, Antonio y Xaime.

A propósito de estos hermanos Quesada, que con el reciente óbito de su hermana Teresa, ya ninguno superviviente, diré algo de lo mucho que de ellos habría de contarse.

Por citar pinceladas inéditas, comienzo por un Xaime, con el que cierta ligazón allá cuando jóvenes ambos, con recuerdos como cuando metido a temporero decorador de carrozas de aquellas batallas de flores de los finales del cincuenta, o de aquellas estadías mensuales a cubierto de raidas lonas “hurtadas” de los almacenes del Frente de Juventudes para componer estacadas tiendas de campaña para morada dunar nocturna o diurna cuando las lluvias arreciaban allá por aquellos estíos de A Lanzada.

De Heriberto, cuando de mozo era tañedor de piano en unos guateques que se montaban en el Lar da Nai carballiñés, un chalet con cancha de tenis, piscina y billar donde la mocedad invitada, y yo lo era por el carballiñés Martín Aspilche, amigo de la familia de Carlos Gómez, un empresario vigués de la conserva. Se bailaba al son de un incipiente rock and roll en el que Heriberto animador al teclado. De Carlos, colega en Caixa Ourense, cuando él jefe de Publicidad ilustraba caricaturas de muchos colegas; era Carlos sobresaliente cazador y pescador, conocedor de todas las galaicas montañas donde tantas veces pateó. De Antonio, al que conocí en una exposición de sus pinturas en el Liceo donde le compré un cuadro.

De Fernando, solamente, que asiduo seguidor de sus afamadas viñetas en Faro de Vigo. Acaba de morirse su hermana, como dije, la cual huella en aquel Ourense por su belleza y artísticas dotes; para los mozos de entonces vino un violista de academia, Franco Muela, se casó con ella y se la llevó de esta ciudad, o se fueron juntos. Fácil no es hallar una familia con tales predisposiciones para el arte, que enumerar exhaustivo sería atribuir a cada uno, además, por sabidas, de la que miembros nos quedan en este olvidadizo Ourense, de caras nuevas de tantos migrantes, de otros tiempos que olvidar hacen los pasados.

Heriberto fue ese destacado periodista fundador de unas cuantas revistas de vanguardia exitosas. Xaime, el más universal de nuestros pintores, el picassiano de matices propios que alternaba la luminosidad ibicenca de largas estancias con un menos luminoso cielo en su más permanente morada dominando el valle del Miño.

Y como de rememoraciones trato, la licencia me permito de abordar el mito del rio del olvido. Ese llamado rio Lhetes que difícil creer que fuese el Limia a su paso por Xinzo donde las legiones de Décimo Junio Bruto se detuvieron hasta que su general venciendo el miedo de una leyenda que decía que los que lo traspasaban perdían la memoria, lo pasó y llamó a los oficiales por su nombre. El mito o la historia real ya los expertos ni la sitúan en Ponte de Lima si no en el rio Leça, que desemboca en Oporto, por las referencias a su ancho cauce y la progresión de los legionarios de Decimo Junio, que datado que habían penetrado en la después Lusitania, atravesando allí el más caudaloso y ancho cauce a pie, cuando antes en barcazas algunos kilómetros al sur, el Duero.

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