Itxu Díaz
CRÓNICAS DE OTOÑO
La extraña pasión de desmentir los desmentidos
CRÓNICAS DE OTOÑO
Vivimos tiempos en que un “like” en una red social puede desatar una guerra mundial o lo contrario, incluso aunque sea accidental. Yo el otro día le di “like” en Instagram con la nariz–se me resbaló el móvil de las manos cuando estaba tumbado en el sofá- a un idiota que anuncia dietas milagro, y de pronto me sentí culpable de haber contribuido a amplificar la difusión de la publicación, haciendo que más pobres incautos se sumen a la famélica legión de los que intentan sobrevivir a base de quinoa y semillas de chía. No parece que lo de Sara Carbonero haya sido accidental. La mujer le dio “like” a una publicación muy emotiva de Irene Esser, pareja de Iker Casillas, ex de Carbonero y ex del Real Madrid, en sentido literal. Los expertos lo han interpretado como un gesto bondadoso por parte de Sara, yo, que soy analista de maldades rosas, no descarto que la Carbonero esté alimentando esa relación para que Irene se lleve lo más lejos posible a Iker que, si buen podría ser buen padre, lleva tiempo demostrando que la inteligencia le persigue, pero el corre más.
Gran revuelo en los últimos días con la supuesta relación sentimental entre el columnista de moda en este 2026, Juan Soto Ivars, e Isabel Díaz Ayuso. El colaborador de “Horizonte” dejó crecer la bola al considerar que de alguna manera podría beneficiarle, y finalmente decidió dar explicaciones en un morboso directo en su canal de YouTube. Según explica, tan solo han coincidido dos veces, en una reunión de trabajo y en un acto institucional: “es mentira, es todo mentira”. Pero, como no le falta sentido del humor, aprovechó el directo para dirigirse a su presunta pareja, Díaz Ayuso, que estaría oculta en su casa fuera de plano: “Isabel, escóndete, no salgas”. Imagino que las decenas de personalidades de la izquierda que llevan días intentando perjudicar a ambos con esta historia, publicando mensajes ridículos en redes sociales, tendrán que rectificar y disculparse. Spoiler: nunca lo harán. La otra posibilidad es que Soto Ivars esté mintiendo, pero esa es demasiado graciosa como para ser cierta.
En la pasada celebración del Día de la Hispanidad pudimos comprobar, una vez más, que las dos Españas han desplazado su eje. Por un lado, encontramos la España gris y marginada, reflejada en el rostro hundido de Pedro Sánchez, sometido a una coral de insultos generales de larga duración por parte del público asistente, y las caras de funeral de sus ministros y colaboradores. Por otro, la Familia Real, impecable, todos guapos, coloridos, sonrientes y elegantes, con la mirada puesta entonces en el inminente viaje de los reyes a Ceuta y todo lo que significaría, y el brillo en los ojos de quien está a punto de librarse –si Dios quiere- de un enorme grano en el trasero el próximo 29 de noviembre.
Una de las incomodidades de ser famoso y estar enamorado es que recibes una media de cien veces por semana la misma pregunta: “¿la boda para cuándo?”. De todo el espectro periodístico, debemos admitir que los reporteros del corazón no son los más originales. Tal vez un día deberían enviar a los de economía a entrevistar a famosos, pero esa es otra historia. Un reportero ha vuelto a preguntarle esta semana a Anabel Pantoja cuando tiene previsto casarse con su novio, David Rodríguez. Hace solo unos meses la influencer ya respondió con coña marinera a la misma pregunta: “No, que una boda es muy cara. Venga, hombre”. Y ahora ha reaccionado proponiéndole matrimonio al reportero: “Me voy a casar contigo para tener trabajo, mejor así los dos, ¿no?”. Llámenme perspicaz, pero yo diría que la muchacha no quiere casarse.
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