Afonso Vázquez-Monxardín
Estramadura, e a decisión do PSOE
PUNTADAS CON HILO
Vox no quiere gobernar en las comunidades autónomas en coalición. Dice que no es su objetivo. Asegura su líder, Santiago Abascal, que esta estrategia le ha ido muy bien hasta ahora, porque en cada elección sube. De momento, sube en las comunidades autónomas, justo donde no quiere entrar en los gobiernos con el PP. Cierra así el circulo paradójico de una organización política a la que se le debe presuponer que ha nacido para lograr el poder. Lograrlo y gobernar de acuerdo con sus principios programáticos ofrecidos a la ciudadanía y a los votantes es lo que debe pretender. Otra actitud es sorprendente
Lo que sucede es que a Vox le pasa lo mismo que a Podemos en el extremo contrario. Cuando participan en un Gobierno se dan cuenta de que sus políticas, sus principios y sus objetivos sociales no se pueden aplicar desde un ejecutivo. Por lo tanto, no les conviene quedar en evidencia ante la ciudadanía. No quieren acabar como Sumar y el equipo de Yolanda Diaz. Se sienten mejor fuera, en actitud de oposición, de exigencia, de reivindicación constante de sus postulados, pero sin someterlos a la dura realidad. Es una radicalidad teórica que no resiste la prueba de la materialidad, pero que puede aglutinar a los desencantados e insatisfechos de la política que encuentran en todos los sectores sociales y profesionales.
De manera parecida a Podemos, el líder va eliminando a sus compañeros promotores para mantener su predominio. El último episodio fue la destitución de Ortega Smith, un puntal fundador. Anteriormente quedó en la cuneta un valor tan importante como Espinosa de los Monteros, o su mujer Rocío Monasterio. En tiempos iniciales salió huyendo la prometedora Macarena Olona por sus malos resultados en Andalucía y por discrepancias con la dirección, quizás por intentar imponer sus criterios al grupo parlamentario. Todo ello muestra que sus planteamientos son muy radicales: o se acepta su planteamiento o nada. No hay caminos intermedios. No hay flexibilidad, no hay mal menor, no consensos. De momento.
Sin embargo, no parece que está política de huir de las responsabilidades de gobierno pueda fortalecer su estructura ni pueda satisfacer por mucho tiempo a sus electores. En las administraciones locales y autonómicas se pueden ir forjando aquellos dirigentes intermedios para la estructura de un ministerio.
Si se les priva de esta escuela, de la experiencia de los trámites, de las garantías procedimentales, de la dificultad de hacer lo que se quiere, nunca tendrá mandos preparados para ser eficaces y realistas en sus cometidos administrativos o gubernativos. Está privando también a los dirigentes y militantes de Vox de la compensación lógica tras el esfuerzo electoral, como es asumir un puesto con responsabilidad de gobernar.
Además, no deja de ser una frustración para los electores ver que las personas por las que han apostado con su voto no quieren asumir responsabilidades de gobierno. No pueden ser siempre un aglutinador de votos descontentos. Alguna vez los electores querrán ver hechas realidades las políticas por las que votan, en caso contrario la frustración irá en aumento. Ellos se lo juegan.
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, entregará a la jueza de Catarroja los mensajes telefónicos con Mazón la noche de la riada. Lo ha dicho así de rotundo. De la misma forma que le envió en su momento sólo los mensajes de Mazón requeridos por la jueza. “Le he dado lo que me pidió antes y le daré los que me pide ahora. No los he borrado ni al cambiar de teléfono”.
Será muy interesante conocer todos los datos que está acumulando la jueza de Catarroja sobre el desarrollo y gestión de la gran riada. Será esclarecedor, necesario y puede servir para tomar decisiones de futuro. Pero no creo que pueda inculparse a ningún responsable político de las consecuencias de una catástrofe natural de proporciones imprevisibles y que ellos no han provocado. Tampoco creo que se pueda condenar a alguien por no haber mandado unos mensajes -que podrían haber llegado o no a sus destinatarios- de los que se desconoce si hubieran sido eficaces. Pero la investigación nos dará mucha luz sobre lo sucedido.
Todo eso no le interesa al partido socialista que sólo está obsesionado por encontrar un resquicio por el que acusar de algo a Feijóo. Con la entrega de la primera tanda de mensajes de Mazón ya desataron una morbosa campaña acusando al líder popular de mentir. La candidata socialista a la Generalidad y ministra Diana Morant gritaba que Feijóo no podía ser dirigente por tratar de engañar y que debía dimitir. Eso lo decían miembros de un Gobierno sanchista que miente, engaña y desinforma con bulos cada hora de cada día. Sería más responsable y eficaz interesarse por ayudar de verdad a las víctimas y por conocer la forma de evitar una nueva catástrofe. Pero eso no va con ellos.
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