Faciendo la más fermosa vía de la nossa geographia

DEAMBULANDO

Publicado: 19 mar 2026 - 05:40
Opinión en La Región
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Al modo del marqués de Santillana: “faciendo la via del Calatraveño a Santa María…” nosotros ni vencidos del sueño ni atopando a fermosa moza cuidando sus vacas, cual la inmortal vaquera de la Finojosa…mas si transitaríamos por los más hermosos parajes que darse pudieran.

Un arrendajo, aun en la dilatada bruma, denunciaba la presencia de media docena de profanadores de la quietud de un bosque a punto de florecer cuando ya las mimosas cuasi marchitas y el tojo florido

Uno que dista de la poesía carece, pues, de sensibilidad y modus dicendi para expresar las bellezas de un montaraz itinerario, pero ahora, con los años, más se solaza en la belleza con muchas detenciones para impregnarse por donde discurriendo va.

Fuese así como escomenzamos en un lugar que Paredes se llama, para, en discurriendo en pausado caminar casi darnos de bruces con ese románico que es el templo de Santo Tomé de Serantes del que solo hallamos que no encaja ese cinturón funerario de tumbas elevadas cual nichos que tapan la hermosura de una arquitectura que a pesar de tantas mutaciones de la edad conserva rosetón, contrafuertes, ventanales, canecillos, portada de dos pares de columnas…y una torre campanario como si adosada. A lo largo de los siglos todos los templos sufrieron o reformas o consolidaciones, como la última de la nueva cubierta de tejas romanas. Más adelante, y a la vista, la aldea de Serantes donde por todos seres vivos un padre con su pequeña hija recién desembarcados de un descapotable, capotado en el aparcamiento de automático modo, que azada, podón y hoz en mano se iban a despejar de maleza su propiedad o de la consorte. Una aldeana, en lavadero público restregaba en la piedra blanquísimas sábanas, que automáticas lavadoras no podrían igualar, según nos dijo.

Un arrendajo, aun en la dilatada bruma, denunciaba la presencia de media docena de profanadores de la quietud de un bosque a punto de florecer cuando ya las mimosas cuasi marchitas y el tojo florido. Pistas forestales ya alfombradas de las hojas del carballo o las del escaso abedul o la fronda del pino ralo. Pasado un regatillo, el alfombrado herbáceo predominaba en este paraíso de entre las tímidas aves, la curruca europea y el petirrojo, cantaban.

Nuestra meta, el lugar de la parroquia de Lamas, en Casar, para continuarla, sin asfalto hacia la románica de Lamas en el espacio de Corneira, forestal pista que desemboca en el asfalto, tomado por minutos para de nuevo emprenderla con vistas al Avia profundo represado en Alvarellos. Como en las estribaciones del Ribeiro el viñedo posteado ya no precisa de las varas de la mimosa importada de australianas tierras por un monje con la creencia de su utilidad para estacar erguiendo la cepa sin calcular las nefastas consecuencias de una colonización imparable que deja la tierra solo para ellas, que disculpables, solamente por estos marzos de floración inigualable y penetrante aroma.

La parroquial de Lamas fue lugar de asiento para despachar manjares a un sol que ya se abría paso hora antes de nuestro asiento. Llantados, saludados por un par de paseantes que loaron el templo y el lugar, en bajando, unas hermosas naranjas se ofrecían como una invitación al hurto que no robo porque ni violentar la propiedad sino que, usando desde público camino con habilidad un bastón, poder comer alguna, cuando el amo aparecido y saludado, a nuestro requerimiento ofreció no una sino las pocas que en el naranjo restaban.

Hacia Valboa, o valle bueno, nos encaminaríamos para sumergirnos en el más prodigioso de los senderos, ya rodeado de más que gruesos, altos carballos por la competencia enorme de la búsqueda de luz, por mimosas floridas que túneles formaban, ya por pista ondulada a cubierto de la solaina, ya alfombrada de las hojas del roble, ya de hierbas tapizada por ausencia de transeúntes, ya corredoira entre taludes, enmusgados muros delimitadores de propiedades invadidas de arbolado que huerta y viñedos fueron, bolos o batolitos de granito entre la arboleda, regatos que cantarines por el fluir de aguas, desaparecidos o tapiados pozos de donde cambones extraían agua para verterla en canales de irrigación, ogaño entre la floresta desaparecidos…y así fuimos difuminándonos entre tan colorida y aromática belleza.

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