Manuel Baltar
Fátima
La tragedia ferroviaria de Urda ha sido un durísimo golpe que nos sobrecogió a todos, lamentando profundamente el dolor producido a víctimas y familiares. Historias personales segadas en el fatídico momento del accidente ferroviario que volvió a darnos un mazazo de indignación colectiva imposible de reparar humanamente.
Esa mañana, el teléfono de Fátima Báñez dejó de responder a los que recurríamos a ella obteniendo siempre comprensión y soluciones. Porque estamos realmente ante un ser humano excepcional, una persona que desprendía un aura de tranquilidad y empatía que reconfortaba a todo aquél que a ella se dirigía. Una amiga que vencía y convencía en el difícil arte de las relaciones sociales, contagiando alegría y autenticidad. Acompañarla en un paseo por la calle, en cualquier lugar de España, incluido nuestro Ourense, capital y provincia, era una exhibición de soltura en las relaciones sociales como pocas veces he visto. Formando parte del Consejo de Ministros de España hablaba con todo el mundo, entablando conversación con cualquiera que se le aproximara e incluso acercándose ella. Un torrente de simpatía que a nadie dejaba indiferente.
En Ourense tuvimos la suerte de tenerla en muchas ocasiones, tanto en la ciudad como en puntos de nuestra geografía provincial como Toén u O Carballiño, bien en actos oficiales bien en actos políticos, mitineando, tomando pulpo o un café mientras me escribía en una servilleta del establecimiento (la guardo como oro en paño) sus previsiones española, gallega y ourensana de crecimiento de empleo, una competencia que ejerció a plena satisfacción desde el Gobierno de España presidido por Mariano Rajoy.
En cualquier parte de España que la encontrara siempre hallaba su arrollante personalidad, acusadamente perfilada, entre otras, gracias a sus profundas convicciones católicas, estuviéramos en Sevilla en el Congreso del PP que eligió presidente a nuestro vecino Núñez Feijóo o acompañándonos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid cuando presentamos el libro “Ourense, la provincia termal”. En su etapa en la CEOE también viví momentos reseñables a su lado en diferentes actos o reuniones de ámbito estatal, sin renunciar a visitarnos compartiendo, en ocasiones, mesa y mantel disfrutando de nuestra gastronomía. En mi álbum fotográfico figura también una instantánea de una de esas sobremesas con la inolvidable presidenta de nuestros empresarios Marisol Nóvoa… También compartíamos año de nacimiento, una razón más para sumar a la complicidad personal que exhibía cada vez que coincidíamos o en cada mensaje telefónico que compartíamos.
Estos días, toda España llora su desaparición física, así como la del resto de las víctimas de este horrible accidente, y quisiera dejar en negro sobre blanco mi admiración por la persona, por su esencia, por la impronta que deja y su ejemplo de buen hacer. Ese legado ha de permanecer para orgullo no sólo de su familia, su principal pilar, sino de todos aquellos que hemos tenido la fortuna de valorar y apreciar su amistad y su acción política y pública. Nos hemos quedado sin un referente colectivo pero tenemos su recuerdo y su obra, absolutamente inspiradora.
Doy gracias a la vida por haberte conocido, querida Fátima. Descansa en paz.
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