Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
RECORTES
Uno pasea en bermudas por las zonas litorales, y encuentra material abundante no solo para redactar una modesta columna costumbrista a la usanza y comprensión de don Ramón de Mesonero Romanos al que Dios bendiga repetidas veces, sino para escribir una novela de esas que todo el mundo se lleva a la playa o a la piscina como se lleva la toalla y que tienen entre seiscientas y setecientas páginas para que dé de sí casi toda la temporada. Uno de los modelos que más abunda es aquel que se pasea aparentemente hablando a voces consigo mismo o con su otro yo como hacía el protagonista de Stevenson con doble personalidad en “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mister Hyde” con truculentos resultados. En realidad está hablando, valiéndose de su teléfono de última generación, bien con su pareja, bien con su jefe, bien con su propia madre, y como es de natural expresivo, acciona, vocea, jura y se sienta y se levanta constantemente al compás de su conversación ante los ojos inquisidores de sus vecinos de mesa que se preguntan con mucha razón por qué diablos están siendo convertidos en testigo e incluso participantes en una discusión que ni les va ni les viene y en la que no desean por ningún motivo tomar parte.
La fauna y la flora veraniega es tan rica como singular y uno puede encontrarse a un peregrino con un pañuelo anudado a la cabeza que le otorga un divertido perfil de jotero o a una señora de edad en una silla de ruedas con aletas puestas y un ganapán en la mano, porque el verano otorga licencia para hacer lo que uno le vaya en gana sin preocuparse del qué dirán
La fauna y la flora veraniega es tan rica como singular y uno puede encontrarse a un peregrino con un pañuelo anudado a la cabeza que le otorga un divertido perfil de jotero o a una señora de edad en una silla de ruedas con aletas puestas y un ganapán en la mano, porque el verano otorga licencia para hacer lo que uno le vaya en gana sin preocuparse del qué dirán, un hábito muy gratificante y sano que debe ser tenido en cuenta y al que todos nos apuntamos porque eso es lo que manda el ambiente y eso es lo que uno tiene ganas de hacer tras un largo invierno debajo del paraguas.
En un país que recibe más de 40 millones de turistas en la época estival, nada nos puede sorprender ni ninguna práctica por estrambótica que parezca nos puede producir susto porque estamos vacunados. Lo único que puede pasarnos es que reflexionemos sobre cómo se puede afrontar esta cada vez más comprometida situación porque estamos a un tris de morir de éxito y esto no hay quien lo pare.
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