Xaime Calviño
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En este artículo me voy a poner humorístico americano. Americano del norte, preciso. Supongo que todo el mundo conoce esa típica expresión coloquial de los USA que dice: ¿tú a quién le dejarías las llaves del coche?
Pues bien, yo no se las dejaría nunca a Pablo Casado porque sospecho que el coche acabaría malamente atravesado en medio de la acera; tampoco a Pablo Iglesias, no estoy muy seguro de que sepa meterlo en el garaje sin darle un golpe; ni a Cayetana Álvarez de Toledo, porque dudo de sus dotes como conductora y a lo peor lo hunde en el Manzanares sin querer y se carga un montón de familias de inocentes patos de aquellos con los que repobló ese río madrileño Tierno Galván, aquel comunista o socialista o bolivariano o ya no se sabe; ni a Rocío Monasterio que seguro que le dirá a la DGT con toda convicción que ella tiene carné de conducir, y en realidad no lo tiene; ni a Santiago Abascal, un tipo que confunde un volante y un cambio de marchas con unas riendas y unas espuelas, y cree que las crines del caballo son un limpiaparabrisas; ni a Rafael Hernando, porque seguro que se lo pule en un segunda mano para sacarse unos euritos y comprarse un par de camisas nuevas de cuello duro en alguna tienda de Serrano, con lo cual yo me quedaría sin coche y él tendría un aspecto aun más atildado; ni a Pedro Sánchez, ese chico tan guapo, ya que su conducción es tan errática que el coche podría acabar en cualquier sitio inesperado como una cuneta o el fondo de un embalse inaugurado hace muchos años por Franco; ni a Quim Torra, que estoy seguro de que solo sabe conducir marcha atrás y eso es un peligro de caray; ni a Miguel Ángel Revilla, un hombre que me cae relativamente bien pero me da que mientras lo conduce va a estar tan distraído comiéndose unas anchoas de Santoña que se acabará metiendo en dirección contraria por la autopista; ni a Ortega Smith que confundirá el coche con la bala de una 9mm Parabellum y vaya usted a saber en qué acaba eso; ni a Alberto Garzón, que de ninguna manera va a aparcar el coche en la zona azul y no encontrará ningún sitio decente donde dejarlo; ni a Echenique, por razones obvias, con perdón; ni a Isabel Díaz Ayuso, que abandonaría el coche en medio de un atasco en la Castellana y se iría a su casa en taxi tranquilamente, y luego vete tú a reclamar a la compañía de seguros, ya me dirás.
O sea que la cosa está difícil.
En cambio sí le dejaría las llaves del coche, ya sé que no es un político, a Fernando Simón. De hecho ya se las he dejado, como hemos hecho millones de españoles. Y el tío nos devuelve el coche impecable todos los días. Sin un rasguño. ¡Chapeau, Fernando!
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