Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Nicolás
Que una gran mayoría no acabe de digerir el pollo de la flotilla propalestina no es para menos. Incluso, en apariencia, ni siquiera ellos lo entendían demasiado bien, sobre todo, a juzgar por la alegría con la que los LGTB pretendían desembarcar en zona musulmana. Pero para despejar dudas sobre el tema, ahí va a grandes rasgos la explicación.
La flotilla, que lleva funcionando desde 2010, integra a 500 personas repartidas entre 50 barcos, patrocinados por Global Sumud Flotilla, que se disemina en una serie de subasociaciones que buscan, exclusivamente, defender a Gaza. ¿Cómo se financió? Mediante una campaña de micromecenazgo realizada por chuffed.org, que consiguió recaudar algo más de 3 millones de euros con donaciones de particulares de alrededor de 50 euros.
Tras averías y peripecias que los llevaron hasta las Baleares y Túnez, finalmente partieron 44 barcos con 462 activistas. El gobierno de España pagó los gastos del buque Furor de la Armada que, más que escoltarlos, los acompañaba con intención de rescatar a los que pudieran acabar cayendo por la borda ante la posibilidad de que fueran hundidos en zona de conflicto. Aparte, el Gobierno de España pagó el viaje de repatriación -que Israel se ofreció a sufragar-, y que, a diferencia de Italia y Portugal, aún no ha reclamado a los flotilleros. Algo que irrita profundamente a los viajeros del Imserso que sí tienen que pagarse los gastos.
Pero sobre todo este asunto gravitan algunas cuestiones transcendentales más. La primera se relaciona con el hecho de que los pasajeros del crucero que se supone que transportaban ayuda humanitaria fueran vacíos. ¿Para qué fueron entonces? Para armar jaleo, ruido, escándalo. Sin embargo, se regían por un protocolo de actuación -a sabiendas de que serían interceptados- asesorados por los servicios jurídicos de Global Sumud Flotilla, actuaciones que consistían en entregarse sin oponer resistencia, arrojando previamente al agua todos los dispositivos electrónicos como teléfonos y tabletas. ¿Por qué? La pregunta plantea una disyuntiva: o bien para evitar que información sensible cayera en manos de los hebreos, o simplemente por dar la nota. Lo segundo se les ajusta bastante, pero no se deben desdeñar ciertos lazos con Gaza; luego, cabe la probabilidad de que albergaran contactos incómodos para los flotilleros.
Pero sobre todo este asunto gravitan algunas cuestiones transcendentales más. La primera se relaciona con el hecho de que los pasajeros del crucero que se supone que transportaban ayuda humanitaria fueran vacíos. ¿Para qué fueron entonces? Para armar jaleo, ruido, escándalo.
El siguiente punto se centra en la captura y bloqueo de la flotilla, tan previsible como lícita, dado que el Derecho Internacional atribuye la autoridad de un territorio a quien en ese momento ejerza el poder, sea de facto o de iure; es decir, aunque un país ocupe a otro, prevalece el estado ocupante, y así es reconocido a nivel internacional.
Por otro lado, está la cuestión de las conocidas como 12 millas que establecen el límite territorial de un país sobre la franja marina, pero el margen jurisdiccional -conocido como límite de exclusión- abarca 200 millas, por lo que la intervención israelí fue legítima, salvando, seguramente a más de un flotillero, de acabar en el fondo del mar. Por todo esto, ningún gobierno de los países que componían la flotilla llamó a su embajador a consultas ni presentó reclamación alguna a Israel.
La pregunta del millón es: ¿por qué en Gaza sí, pero en Nigeria no? Por un lado por la herida abierta por el marxismo en la sociedad empeñado en enfrentar a ricos y pobres, que sí se da hipotéticamente en Israel vs. Gaza, pero no entre nigerianos, que son todos pobres, y porque saben que Israel devuelve flotilleros, pero si van a Nigeria nadie vuelve a saber nada de ellos.
Claro, ¿y qué tienen que ver en todo esto los popularmente conocidos como Comegambas, por genocidas del marisco en los mejores restaurantes? Pues porque los secretarios generales de la UGT y CCOO, que deberían proteger los derechos de los trabajadores, fueron a lamerle las nalgas a Yolanda Díaz, apoyando un paro propalestino que supuso una pérdida económica para el país, los empresarios y los trabajadores, provocando un daño a estos últimos a quienes dicen defender, por lo que deberían dimitir ya, porque, rememorando a Óscar Cabral, siempre fallamos cuando descuidamos nuestro deber.
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