Fracaso

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Publicado: 28 mar 2026 - 02:51
Opinión en La Región
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A la hora de hablar de la aplicación de la eutanasia a la joven Noelia Castillo, la palabra que más se ha escuchado ha sido fracaso. Fracaso del sistema asistencial, fracasó del sistema sanitario, fracaso, incluso, del Estado que habría permitido y avalado la muerte de una joven de 25 años.

Si se considera la muerte de Noelia un fracaso, quizás antes sea preciso indagar en la serie de fracasos previos que le llevaron a tomar la decisión de acabar con su vida haciendo uso de su libertad y de las prerrogativas que le permite una ley muy garantista. Noelia vivió el fracaso familiar en sus propias carnes, con una familia desestructurada y su paso por instituciones de acogida. Sufrió el fracaso de una violación múltiple, que es un verdadero fracaso social y educativo; sufrió el fracaso de un suicidio que la dejó parapléjica y con dolores físicos -los psíquicos computan menos a la hora de la eutanasia- insoportables, y luego ha sufrido el fracaso de convertirse en el argumento de una lucha ideológica entre quienes sitúan la obligación religiosa de vivir por encima de la prerrogativa laica de decidir sobre la propia vida.

Sufrió el fracaso de una violación múltiple, que es un verdadero fracaso social y educativo; sufrió el fracaso de un suicidio que la dejó parapléjica y con dolores físicos

Si Noelia Castillo hubiera logrado su intención de suicidarse en octubre de 2022, tras una brutal violación grupal, su nombre sería desconocido excepto para sus allegados, oculto entre las 4.227 personas que se suicidaron ese año, lo que constituye un verdadero fracaso social, una epidemia silenciosa que es una de las causas de mayor mortalidad entre los jóvenes. De no haber mediado la intervención judicial paterna con la ayuda de Abogados Cristianos, que ha demorado el deseo de morir de Noelia Castillo durante 601 días, su nombre habría permanecido oculto como uno más de las 1.300 personas a las que se les ha aplicado la eutanasia desde la entrada en vigor de la ley en junio de 2021, y si bien el 76% de ellas eran mayores de 60 años el porcentaje restante es también significativo y todos pasaron por el triple filtro que garantiza que solicitar la eutanasia no es una decisión fútil. Además, Noelia Castillo contó con las decisiones a su favor de cinco tribunales españoles y europeos.

La notoriedad del caso de Noelia Castillo ha estado al borde de traspasar la línea que separa la adopción de una decisión gravísima de convertirse en un nuevo espectáculo morboso, del que en este país ha habido sobradas muestras. Afortunadamente no ha sido así, ha habido contención y sus últimos momentos han servido para que se renueve el debate social sobre una medida tan controvertida que pone en contraposición los aspectos morales con la capacidad de una persona para decidir sobre su propia vida. Y como en este tipo de derecho individual no se obliga a nadie a practicarlo. Salvo en contadas ocasiones de la que el caso de Noelia Castillo constituye una de ellas, la aplicación de la eutanasia se realiza con el apoyo familiar, en un ámbito privado, elegido por quien no puede soportar más un futuro de dolor y postración. Pasados los ecos de la muerte de Noelia Castillo, más de 200 personas al año seguirán dejando de vivir en ejercicio de su libertad y más que un fracaso público lo considerarán una liberación.

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