Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
En la maravillosa película de León de Aranoa “Los lunes al sol”, hay un momento increíble en el que los protagonistas, ex empleados de los astilleros navales vigueses que han sido despedidos en la primera reconversión industrial, como suelen hacer habitualmente todas las noches están emborrachándose en el bar y charlando. No tienen otra cosa que hacer. Esa es su vida. Una vida bastante desesperanzada.
Entonces en un momento se ponen a hablar de Dios, de si existe o no existe, mientras siguen bebiendo sus chupitos de hierbas o de caña.
Y entre los colegas del bar, además de los dos personajes principales que interpretan Bardem y Luis Tosar hay un ruso, también desempleado de los astilleros como ellos.
Ahí, entre trago y trago, el ruso les dice que él fue ingeniero, que había trabajado de joven en el programa espacial de la extinta URSS y que había estado a punto de ser astronauta.
Los personajes, a pesar de los efluvios del alcohol y de la sorprendente e inesperada revelación le creen. El ruso es de fiar.
Entonces les cuenta una anécdota maravillosa que no sé si es verdad, leyenda o un invento de León de Aranoa, pero eso no importa. Y recordemos que esos personajes maltrechos y desarraigados estaban hablando de Dios.
El ruso les dice: “¿Sabéis? Cuando Yuri Gagarin volvió del espacio un periodista le preguntó: ¿Has visto a Dios? Y Gagarin contestó: Sí, he visto al camarada Dios allá arriba, y me ha dicho que les dijera a ustedes que no existe.”
Es como una explosión que te estalla en las neuronas de pronto
Tendría que hacer yo una short list muy especial y complicada para encontrar un momento y un texto de guión de cine tan breve y brillante como este. Es como una explosión que te estalla en las neuronas de pronto. Como los mejores diálogos de Casablanca, de El Padrino o de Ciudadano Kane. Creo que me resultaría difícil encontrar algo así ni en Frank Capra, ni en John Ford, ni en Billy Wilder, ni en nadie.
“Los lunes al sol” es una película triste y trágica como un drama shakespeariano de provincias. Y tiene toda esa belleza terrible. La he vuelto a ver hace poco.
Hay otra interpretación de Bardem insuperable en su brillante y magnífica carrera. Y es la de “Antes que anochezca”, el biopic del escritor cubano Reinaldo Arenas que dirigió Julian Schnabel. En esa película maravillosa Bardem se muestra al máximo como el increíble actor que es, capaz de convertirse en otra cosa, incluso físicamente, y hacernos creer que es otra persona.
Javier Bardem siempre es bueno o tal vez mejor, pero a mi juicio en esa película preciosa al igual que en la otra “Los lunes al sol” irremediablemente triste, fue superior.
Entre esa escena con la frase de Gagarin y las palabras o el sentimiento de Reinaldo Arenas de la otra yo no sé qué elegir. Las dos me enamoran por igual.
Que tengan ustedes un buen lunes, al sol o no.
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