Frutos en sazón

MUJERES

Publicado: 05 jul 2026 - 02:10
Opinión en La Región
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Todos los años, Fernando C. Ramos celebra su onomástica en su finca, y lo hace en compañía de sus muchos amigos. Es una fiesta estupenda en la que nos juntamos los que nos tratamos ya, algunos vivimos lejos entre sí, y también con los que conocemos por primera vez. Fernando es muy querido, y hay que decir que allí queda patente el gran afecto que se le tiene. En ese ambiente familiar, este año volví a ver a Chelo Gayoso Díaz, una poeta lucense a la que admiro por su sentida producción poética en gallego y español, con tres libros ya publicados, pero, sobre todo, por su extraordinario sentido humano, su sensibilidad y sencillez. Desde niña escribe, pero sus frutos en sazón los logró y logra a partir de los seis años en los que cuidó a su madre sumida en la destrucción mental del alzhéimer. Junto a ella, con amor y dedicación plena, sintió el amargo dolor y el triste ambiente que crea esa ausencia presente del ser más querido.

Ese sufrimiento lo conocen bien todos aquellos que cuidan a los seres que adoran, y ven cómo estos anidan en el olvido de quienes fueron. Dentro de la aflicción, Chelo se sumergió en ese mundo de las ideas y los sentimientos más profundos y eso supuso el comienzo de una nueva vida. La tierra, el agua, la luz, la sombra, la maravilla de la naturaleza, el silencio, Galicia… encuentran en su poesía un sentido especial en el que no faltan la melancolía y la añoranza que impregnan las líneas.

He aquí dos fragmentos significativos de dos de sus poemas, cuyos títulos son: “Arrecendo no Sar” y “El alba está dormida”, respectivamente.

La tierra, el agua, la luz, la sombra, la maravilla de la naturaleza, el silencio, Galicia… encuentran en su poesía un sentido especial en el que no faltan la melancolía y la añoranza que impregnan las líneas.

Del primero: “Baixa cara o Oceáno,/ cara ese mar que querías ver/ a través da fiestra, cara o misterio,/ cara ese muro infranqueable/ do teu pensamento./ Naquel intre ficaches viva!/ Ficaches viva para sempre”. Y del segundo: “Al filo de la media noche me despierto./ Abro mis ojos./ Me rodea una profunda oscuridad./ Un silencio que cubre otros silencios./ ¡Un silencio sepulcral!/ El mundo está adormecido,/ incluso la sangre en mis venas./ Mientras pasan las horas,/ los minutos, los segundos…/ sin hacer ruido”.

Carmen Conde definía la poesía como el sentimiento sobrante del corazón que fluye hacia la mano. Y Jorge Luis Borges decía: “La poesía surge de algo más profundo; está más allá de la inteligencia”. Chelo Gayoso es la pura evidencia de todo ello.

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