Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
RECORTES
Como suele ocurrir cada verano y más si el verano es seco y llueve poco, la geografía peninsular ha de enfrentarse al azote de los incendios forestales que asolan todo el territorio sin distinguir longitudes, latitudes, interior o costa. Se han declarado incendios de grandes proporciones en Ourense, en León, en Cádiz o en la costa levantina como criminal rutina que no tiene fin y que se ha cobrado en su camino como tributo luctuoso a esta plaga que todo lo asola, un siniestro ramillete de vidas humanas. Como ocurre cada año también, nadie es capaz de explicar ni su procedencia ni su razón, y lo único que pueden hacer las autoridades autonómicas y nacionales es combatirlo sin llegar nunca al centro geométrico del problema. Se trata de una incógnita milenaria erizada de preguntas sin respuesta, misterios e instintos criminales. Se trata de una plaga cuyo eslabón último ni se identifica ni ha sido nunca completamente desentrañado. Personalmente y como otros muchos que se plantean el mismo acertijo, reconozco a estas horas que no he obtenido nunca una explicación convincente. No la hay. Solo la práctica certeza de que el bosque no se quema solo. Los resortes que mueven esta maquinaria incendiaria permanecen en lo oscuro o yo, por lo menos, no he llegado a ellos.
Este paisaje tan desolador que nos depara cada año el periodo estival es tan complejo y caótico que ofrece terreno abundante para la especulación, el rencor y la mala leche. Lo que no parece lógico es que a tal desventura se sume como si fuera un paisano más al que le puede la intención malsana, un sujeto que forma parte del gobierno y que ocupa uno de sus pupitres más peraltados. Óscar Puente es de una cerrilidad extrema y posiblemente de una incompetencia difícil de superar, lo que parece no frenarlo a la hora de soltar por la boca en sus cuentas de la red lo primero que se le viene. Que un ministro –al que por cierto se le ha parado un tren durante seis horas entre Madrid y Galicia a consecuencia de la proximidad de las llamas- le parezca este paisaje humeante y ennegrecido, terreno adecuado para expresarse crítico sobre los problemas de sus adversarios políticos en regiones en las que ostentan responsabilidades, y se ría de ellos en lugar de mostrarse solidario, es una villanía que retrata con propiedad la miseria humana. Pero Puente es así. Una lástima.
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