El furor de la flotilla

Publicado: 01 oct 2025 - 01:50
Opinión en La Región
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La flotilla de la libertad se ha convertido en un culebrón más de cuarto y mitad de sanchismo. Pedro decidió “apatrullar” los mares para proteger la flotilla con un buque llamado “Furor” que al parecer lleva cañones y ametralladoras con tecnología israelí. Es la cuadratura del círculo de la contradicción como el reversible decreto de embargo de armas israelitas que contempla marcha atrás. Y puesto que la guerra de Gaza no se reduce al uso o no de la palabra genocidio, tampoco la flotilla de barcos es el paradigma del pacifismo con el que parar las bombas y salvar vidas de civiles palestinos, si bien se pretendió convertir en un altar flotante de marketing contra Israel en el que rezar por el ideal de la paz, que ahora tiene un plan Trump-Netanyahu.

El furor de la flotilla no ha funcionado como cortina de humo suficiente con la que borrar la sospecha judicial, como demuestran los correos de la asesora y las cartas de recomendación de Barrabés, mientras el almirante Sánchez navega sin rumbo ni timón

La flotilla de esa niña transformada en adolescente regañona llamada Greta Thunberg terminó siendo una barcaza a la deriva de propaganda propalestina, lo que devalúa su inicial y noble vocación humanitaria. Desde el momento en que Greta y Ada Colau surcaron el mar para enarbolar la bandera de la agitación, todo se ha ido politizando por parte de la izquierda, radical o no, como método con el que engordar posicionamientos políticos partidistas sobre la contienda bélica. Así que como Meloni mandó barcos en condiciones, Pedro también la imitó con su patrullera de la Armada para ponerse al servicio a Ada y Greta, que eso causa muy buena imagen en el marco buenista y virtual del think thak progre con el que influir en la opinión pública. La tripulación de la flotilla se conformó con activistas de pensamiento único, entre los que la guerra, el cambio climático y la extrema derecha son eslóganes recurrentes con los que agitar la conciencia social y apuntalar la imagen facilona. Romper el bloqueo israelí con la flotilla de la libertad parece un pulso de motivación publicitaria que ni el mismísimo capitán Sánchez, tras su misión de capitán antiAmérica ante la ONU, puede llevar a buen puerto haciendo seguidismo de la “populista” Meloni.

La operación furor de los mares está bajo sospecha de publicidad partidista en busca de renta política como casi todo lo que sale de la fábrica de asesores sachistas, esa legión de publicistas al servicio del sostenimiento de un líder acorralado por la corrupción y abandonado por sus socios en la subasta de chantaje al Estado, incluidos los Presupuestos. El furor de la flotilla ha venido a ser otro salvavidas de pega de Pedro marinerito para sostener su delirante huida hacia unas futuras elecciones en las que pretende ser otra vez candidato de lo que queda del PSOE.

El furor de la flotilla no ha funcionado como cortina de humo suficiente con la que borrar la sospecha judicial, como demuestran los correos de la asesora y las cartas de recomendación de Barrabés, mientras el almirante Sánchez navega sin rumbo ni timón con los que sortear la tormenta que se le viene encima. La flotilla resultó ser un furor de cachondeo cuando le preguntaron a Pedro estelar si el patrullero español respondería a un hipotético ataque israelí. Fue entonces cuando empezó a titubear volviendo a quedar al descubierto su ficción. El tinglado se le cae con el plan de paz de la Casa Blanca.

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