La fusión se topa con opositores

Publicado: 02 ago 2026 - 04:10
Opinión en La Región
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El titular, por lo menos a mí, no me sorprende y reafirma mis pronunciamientos sobre el debate de las fusiones municipales que, de cuando en vez, se erige en actualidad. “Terremoto en Carballeda de Avia ante la posible fusión” (La Región). Vaya por delante, una vez más, que estoy totalmente de acuerdo con las fusiones municipales voluntarias, ya que la problemática de los pequeños ayuntamientos se concreta en las naturales limitaciones que imponen su tamaño, agravada por factores como la dispersión, que encarece el coste de la prestación de servicios. Esto es así. Aunque las posibles fusiones no van a ser garantes de mejores servicios a menor coste, ni, a mi entender, resuelven la dispersión. Y esa manía de algunos que torticeramente escriben y achacan el inmovilismo de las no fusiones a los alcaldes, ya que “cada alcalde mira por lo suyo”, según ya leí a algún “experto”, es una maldad. Teoría invalidada con la posición valiente del alcalde de Carballeda de Avia. La razón de identidad y pertenencia, y algún motivo más, moviliza a los vecinos. Señalar que, cuando me reafirmo en el sí a las fusiones voluntarias entre ayuntamientos, sabrán los alcaldes los criterios para alcanzar la voluntariedad.

Opino que las posibles fusiones no garantizan mejores servicios a menor coste, ya que las posibles “economías de escala” que genere la incorporación serán capitalizadas casi exclusivamente por el ayuntamiento resultante. Además, las posibles fusiones, en muchos casos, no ofrecen ventajas ni siquiera en teoría, ya que cuatro (por ejemplo) ayuntamientos, entre mil y dos mil habitantes darán como resultado uno de menos de ocho mil sobre un territorio enorme y gran dispersión poblacional. ¿Se arregló la temida dispersión? ¡No! Y yo, terco de mí, continúo con mi “teima” de que existen alternativas a las fusiones, si distinguimos entre “gobierno local” y “administración local”, porque podemos razonar que lo costoso no es tener muchos gobiernos locales de pequeños ayuntamientos, sino que lo inviable económicamente es disponer de muchas administraciones locales de pequeños ayuntamientos. Y aún quedan alternativas, como abundar en la “cooperación y asistencia” de las Diputaciones mediante fórmulas avanzadas más allá de la simple asistencia técnica, y las fusiones “de facto” (servicios compartidos), donde la Diputación las lidere, como ya hace en muchos casos.

Lo comenté hace unos años, sobre la última fusión (1968) en la provincia de Ourense, la de Acevedo del Río, hoy perteneciente al ayuntamiento de Celanova. De aquella, Acevedo aportó a Celanova 1.093 vecinos, dos funcionarios y unas 160.000 pesetas. ¿De qué le sirvió? Lo recogió La Región en su momento, al expresar los vecinos de Acevedo que lo recuerdan con nostalgia sin que ellos hubieran notado el cambio. Eso sí: “Agora temos que coller un taxi para ir a Celanova para todo”, contestaron resignados. ¿Conocen aquello de que el pez gordo come al más chico? Al menos ¿podemos decir si ha resuelto algo el ayuntamiento de Celanova adhiriendo a Acevedo, ya no digamos la dispersión? ¿Y el envejecimiento poblacional? No y no.

No me parece de recibo mantener la crítica de que los ayuntamientos pequeños son dependientes económicamente de otras administraciones públicas, cuando también lo son los grandes; además tienen que apoquinar con obligaciones y responsabilidades derivadas de otras administraciones supramunicipales que no llevan aparejadas la correspondiente financiación económica. Y la reforma o actualización de la financiación local lleva pendiente “in tempore”. Y no sobresalen precisamente por las deudas los pequeños ayuntamientos. Soy de los que cree que las fusiones territoriales “per se” enmascaran más que solucionan. Siendo las administraciones más cercanas a los administrados, la eficiencia siempre deseada no sólo se mide en términos económicos, además de dudosa consecución.

El gigantesco bache económico de 2008 fue para Grecia una oportunidad para reducir sus municipios y 124 Comunidades -del Plan Capodistrias, de fusión obligatoria-, pasando de 5.825 ayuntamientos a 325. ¿Solucionaron algo? El tiempo dice que no. En España llevamos, desde 2021, contemplando la llamada fusión voluntaria entre el ayuntamiento de Don Benito y Malpartida de la Serena, de la que resultaría el mayor ayuntamiento de Badajoz. ¡Quedó en nada!, pero también es verdad que no escarmentamos en cabeza ajena. La posible fusión de Ribadavia y Carballeda se topa con opositores, no son precisamente los alcaldes.

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