Las gafas de género

Publicado: 31 mar 2026 - 04:05
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Hay ideas que nacen para ayudarnos a entender mejor la realidad… y acaban utilizándose para explicarlo absolutamente todo. La “perspectiva de género” parece ir por ese camino.

De entrada, conviene dejar algo claro: es una herramienta útil. Y en muchos casos, imprescindible. Sirve para analizar problemas reales como la violencia contra la mujer, ciertas desigualdades laborales o la falta de mujeres en puestos de poder. Ignorar ese enfoque en estos temas sería no querer ver una parte importante de la realidad.

El problema empieza cuando se usa el término “perspectiva de género” sin medida. Cuando, en lugar de preguntarnos si el género tiene algo que ver en un asunto, damos por hecho que siempre lo tiene. Y a partir de ahí, todo se interpreta de la misma manera.

Es como si hubiéramos encontrado unas gafas que funcionan bien en algunas situaciones… y decidiéramos no quitárnoslas nunca. Da igual lo que miremos: todo acaba viéndose igual.

Esto tiene varias consecuencias. La primera es que el concepto se desgasta. Si todo se explica con “perspectiva de género”, el término pierde fuerza. Deja de aportar algo concreto y se convierte en una especie de término comodín.

La cuestión no es estar a favor o en contra de la “perspectiva de género”. La cuestión es cómo se usa

La segunda es que, a veces, se usa más como etiqueta que como análisis. Basta con decir que algo se hace “con perspectiva de género” para que parezca automáticamente correcto. Pero las etiquetas no sustituyen a los argumentos. Y repetir un concepto no es lo mismo que demostrarlo.

La tercera consecuencia es el cansancio. Cuando la gente percibe que se utiliza la misma explicación para todo, empieza a desconfiar. Y ese es un problema serio, porque ese rechazo no distingue: acaba afectando también a los casos en los que la perspectiva de género sí es necesaria y útil.

Además, no todos los problemas tienen una única causa. Muchas situaciones dependen de factores económicos, educativos, culturales o simplemente individuales. Reducirlo todo a una sola explicación no ayuda a entender mejor las cosas, sino todo lo contrario.

Por eso, la cuestión no es estar a favor o en contra de la “perspectiva de género”. La cuestión es cómo se usa. Utilizarla cuando realmente aporta claridad tiene todo el sentido. Aplicarla automáticamente a todo, no. Porque cuando intentamos explicar todos los problemas de la misma manera, al final dejamos de entenderlos. Y quizá la clave no esté en usar más esta herramienta, sino en usarla mejor.

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