Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
O sabor da melancolía
MUJERES
La historia se repite sin importar el tiempo que pase. Somos como clones y quién sabe si esta frase no sea en sentido figurado. Hay mucha controversia entre los sabios sobre si vivimos en una simulación. Y esta idea que planeó siempre sobre la humanidad, ahora con las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y demás adelantos, toma cuerpo con el agravante de que tal y como parece, el ser animado va a ser borrado del todo. Ya no hace mucha falta, y además come.
Decía que la historia se repite y si no, ahí va una muestra de los pensamientos sobre un hecho concreto: Aristóteles, allá por los años 280 a.C., aproximadamente, decía: “Los jóvenes de hoy no tienen control y están siempre de mal humor. Han perdido el respeto a los mayores, no saben lo que es la educación y carecen de toda moral”. ¿Cuántas veces se oye esto actualmente? Es como un latiguillo que los mayores repiten sin descanso, como si se olvidaran de que en un tiempo que está a la vuelta de la esquina, también fueron jóvenes, y su comportamiento por lógica, tuvo que semejante al que critican ahora.
Todo es una constante. ¿Por qué? “Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos” (Sócrates 470-399 a.C.). Y así se podría seguir hasta llegar con las mismas palabras y el mismo talante hasta el presente. De hecho se ha llegado. Es el eterno retorno, el eterno problema generacional. Nada es nuevo como puede comprobarse.
Quizá al formular esas críticas, no se tenga en cuenta que cuando se es joven, es el momento de plantearse el futuro, hoy bastante incierto. Por supuesto no me refiero a aquellos que ni estudian ni trabajan, pero entorpecen, a veces de manera peligrosa, la convivencia y la paz de la sociedad, al tiempo que se valen de ella en su propio beneficio. Escribo sobre los que se rompen los codos ante los libros, sobre los que buscan y no encuentran la oportunidad de asentar su vida, sobre los que aspiran a ser algo y se ven impotentes para salir victorioso en la lucha por sus sueños. Sí, todo es igual, si acaso ahora más conflictivo. Todo lo mismo al margen de lo externo. Lo que es interno, permanece.
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