José Luis Gómez
CUENTA DE RESULTADOS
Zapatero, un mal gestor de la economía
TRAZADO HORIZONTAL
Zapatero se había convertido en la joya de la corona que custodia y defiende el orfebre Pedro Sánchez hasta que el registro de la cloaca en la sede de Ferraz mutó en la corrupción patriótica socialista. Tan grave es la Kitchen del PP y la caja B del PSOE que financió la persecución de jueces, UCO y periodistas, como la dimensión internacional de la trama del caso Zapatero con sus collares de piedras y su influencia en la política exterior. El sanchismo estableció colaboración directa política y económica con dictaduras comunistas como las de Venezuela y China. Esas espurias relaciones con el narco-petro estado venezolano o el comunismo capitalista represivo chino que amenaza la seguridad de Occidente son la otra cara del caso Zapatero, más allá del fango de Leire, Cerdán y el “One”, del lobby comisionista y de la exhibición de joyas que nos revelan las investigaciones policiales y judiciales.
El nombramiento de Raúl Morodo como embajador en Caracas y su posterior condena avisaron del caso Zapatero. La famosa Alianza de las Civilizaciones de ZP sienta el precedente oficial polvoriento de estos lodos que han derivado en la primera imputación de un presidente del Gobierno de la democracia. La errática política exterior de Sánchez por influencia de ZP o por su propia deriva radical ha ido dando bandazos no sólo con Venezuela o China, sino que alcanza el cambio de posición sin consenso parlamentario en relación con EEUU, el Sáhara, Marruecos, Israel, Palestina, Irán, Ucrania, OTAN y la política de Defensa.
Visto el sumario ZP o el auto de Pedraz, que son auténticas joyas judiciales, se confirman los peores temores ante este tinglado nacional-socialista de dimensión internacional. No estamos ya ante el enchufe chapucero y doméstico del hermanísimo, ante las andanzas software de la mujer catedrática o ante el puterío grotesco de menudeo cutre de Ábalos, Koldo y Cerdán. El caso Zapatero trasciende las fronteras y da jaque mate al sanchismo que se inspiró en su falso buenismo y su presunta moralidad ideológica de supuesto impulso social (ista). Zapatero ha cavado la tumba del sanchismo, y ha traspasado todas las rayas rojas de la democracia. El tufo a corrupción del llamado régimen Frankenstein apesta, y nos deja un Estado bajo sospecha que trata con condescendencia a un expresidente socialista y se ensaña con el rey emérito expulsado de España sin causas pendientes en nuestro país, cual es el caso Zeta-Leire.
La Justicia cuestiona el rescate de Plus Ultra aprobado por todo un consejo de ministros sin que se cumplieran los requisitos legales de pandemia para ello. El oportunismo de aquella inyección de 53 millones a una compañía endeudada con la Seguridad Social, con apenas vuelos y un único avión operativo sólo puede tener una explicación similar al episodio de Delcy en Barajas y sus famosas maletas. Muchos se preguntan qué transportaba Plus Ultra, además de pasajeros, que fuera tan importante como para salvarla de su desaparición con dinero público. Y esa decisión colegiada del Gobierno es motivo suficiente, junto al escándalo completo de corrupción y los registros del PSOE en el marco del caso Leire-Sepi, para que Sánchez disuelva el Parlamento y convoque elecciones pese al tancredismo vomitivo de sus socios, incluidos Aitor y su tractor. Cada minuto más de agonía avergüenza a nuestra democracia y sobrepasa los límites tolerables de limpieza y transparencia. La trinchera en la que el sanchismo ha convertido a España, inspirada en la memoria histórica de ZP que Pedro transformó habilidosamente en memoria democrática, recupera el revanchismo guerracivilista que polariza y mantiene a los españoles en confrontación divisiva permanente. Desde el desenterramiento de Franco al caso ZP hay todo un manual de malas maneras que roza el abuso, fomenta la desigualdad y pervierte la propia esencia del sistema. España necesita regeneración, y para llegar a eso no basta con confesarse ante el papa o acudir dentro de un mes al Congreso, pues la penitencia es que los españoles decidan libremente en las urnas. Sánchez no puede mantener el secuestro de la democracia, y por el bien del país se imponen un adelanto electoral inmediato, una cuestión de confianza o una moción de censura pactada si el penitente se atrinchera. En todo este proceso de deterioro institucional, el eslogan socialista de “tolerancia cero con la corrupción” se ha transformado en una inexistente conspiración judicial cuya teoría propagan Puente y otros ministros a la desesperada. En nuestro estado de derecho prevalece la presunción de inocencia, pero al sanchismo se le están abriendo las costuras porque su doble rasero en materia de corrupción es inmoral. La trama internacional del caso Zapatero, impulsada por investigaciones policiales y judiciales de Francia, Suiza y EEUU, sienta las bases de un cambio inevitable que se está gestando entre la ciudadanía española. Puede que el socialismo ciego mire para otro lado y apoye a Zapatero porque de lo contrario se cae todo el entramado sanchista. Pero la sociedad ya no mira para otro lado porque hay alarma y urgencia social. Los socios tienen la obligación ética de forzar el cambio ya.
La calculada y contenida posición del líder del PNV, Aitor Esteban, diciendo que “sería irresponsable que Sánchez siga más allá de 2026” evidencia el pacto con Moncloa para ganar tiempo y cobrar las prebendas pendientes comprometidas por el sanchismo. Aitor el del tractor, que clavó Rajoy, intentó después precisar su demagogia, pero sin forzar una moción de censura ni un adelanto electoral inmediato, como sería lógico en una situación insostenible con la actual. Se limita a sugerir elecciones en un plazo intolerable pues la democracia española no se puede permitir más condescendencia con la corrupción por muchos intereses que tengan los socios del sanchismo. El PNV traicionó al PP hace ocho años con los presupuestos aprobados, y ahora mira para otro lado con tres años sin presupuestos, y mucha más corrupción. La explicación es muy sencilla: estamos ante un partido mercantilista, que libera presos sanguinarios de ETA y gobierna gracias a Sánchez en Ajuria Enea, diputaciones y ayuntamientos vascos. Si no fuerzan elecciones, Aitor, su tractor y demás socios se convierten en cómplices y cooperadores necesarios de la corrupción.
David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno, se sienta en el banquillo de los acusados desde el pasado jueves acusado de tráfico de influencias, prevaricación y malversación en la Diputación de Badajoz. El juicio debe establecer si el hermanísimo recibió trato de favor por su parentesco en la creación de un puesto a la carta como músico. En el banquillo también se sienta el que fuera dirigente del PSOE extremeño, Miguel Ángel Gallardo, que dimitió tras el escándalo y una severa derrota electoral en las elecciones autonómicas. El cerco de la corrupción bajo mandato sanchista se estrecha, pendientes de la inminente sentencia contra Ábalos, Koldo y Aldama, que se estima condenatoria, y con el caso Zapatero/Plus Ultra dinamitando los cimientos del PSOE y de Moncloa. También están pendientes el juicio con jurado contra Begoña Gómez, que pide desesperadamente la nulidad, y otras investigaciones destacando la financiación del PSOE, Leire, Hidrocarburos...Y es que el PP ya tuvo sus juicios, incluido el de la Kitchen coincidente de esta semana.
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