Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Las gallinas de siete concellos de la comarca de O Salnés han sido confinadas para evitar la transmisión de gripe aviar. Si no comparten comedero con aves silvestres en temporada de migración ni beben del mismo caudal, se minimiza el riesgo de contagio. Desde ayer también está prohibida la exposición de aves en las ferias de varias comarcas de Galicia. Los propietarios de gallineros, ya que no hay grandes explotaciones avícolas en una tierra de vino, marisco y turismo, no discuten el riesgo alto por gripe aviar decretado por el Ministerio de Agricultura ni las medidas adoptadas por la Consellería do Medio Rural en los concellos de Sanxenxo, Vilanova, Ribadumia, Cambados, O Grove, A Illa y Meaño.
En la estación de tren y de autobús espanta a descuideros
En la segunda semana del año ingresaron en los hospitales gallegos 150 pacientes con gripe confirmada, 481 personas zapateadas en una cama en lo que va de la temporada de frío, según el informe de actividades infecciosas hasta el 12 de enero de la Consellería de Sanidade, que aleja el pico hasta dentro de dos semanas el pico de la ola. La intensidad baja pero creciente podría acabar en una meseta de contagios más prolongada, calculó Antonio Gómez Caamaño, el encargado de disponer de camas si fuese necesario. La pandemia de covid demostró que la manera de zafarse de un virus es la vacuna y la mascarilla. Será que Galicia empezó el año con 770.000 personas vacunadas porque el uso de mascarilla en los espacios públicos es anecdótico. Sigue sin estar claro si el que va embozado es para no contagiar o para no ser contagiado. En la estación de tren y de autobús espanta a descuideros.
El domingo en el cine, con un reflejo de canas en toda la sala, un fulano se pasó los 168 minutos de “La semilla de la higuera sagrada” esgarrando el pollo, subiéndolo desde los pulmones hasta borde de la boca y vuelta por la garganta. No se sintió apelado por los murmullos. Al encenderse la luz una colega le reprochó el comportamiento. “Estoy con alergia”, respondió con flema. “Pues tome antihistamínicos y no venga al cine, no es obligatorio”. Una señora decidió mediar para reprochar el reproche. “Oiga, no se le dice eso a alguien enfermo”. No lo arregló. “Y tú, gallina”, le soltó a un señor que esperaba para salir detrás de una mascarilla. La risa sonó a cacareo.
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