Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Café con Amancio Ortega en Zara
La Unión Europea no ha recibido mal la propuesta de 21 puntos que ha presentado Trump para alcanzar un acuerdo de paz para Gaza; la mayoría de los países árabes, con Arabia Saudí, Egipto y Qatar a la cabeza, también lo ven aceptable. Y Netanyahu, por supuesto, que sabe que Trump es su principal valedor en el mundo, por no decir el único incondicional. Pero Hamas se resiste y aunque se daba por hecho que no lo aceptaría de primeras, la comunidad internacional, con Israel a la cabeza, tiene la esperanza de que finamente, tras una inevitable negociación en la que habrá que ceder ante algunas exigencias de Hamas, se pueda llegar a algún tipo de acuerdo.
El triunfalismo de Trump es desbordante, tanto que roza el ridículo: “Uno de los mejores días de la historia de la civilización” dijo al lado de Netanyahu en la comparecencia conjunta para presentar el proyecto de paz. El primer ministro israelí no le fue a la zaga: “Trump está cambiando el mundo para mejor”.
La propuesta suena bien, pero en algunos aspectos parece inviable.
Recoge que se amnistiará a los miembros de Hamas que abandonen su actividad terrorista y demuestren su colaboración con el proceso de paz. A los que se nieguen, se les facilitará un salvoconducto para salir de la Franja y que se vayan al que país que decidan.
Es un proyecto de acuerdo que contempla todos los problemas posibles, además de los ya acumulados por la guerra
Israel se retirará plenamente de Gaza, y además liberará a los 250 presos palestinos condenados a cadena perpetua, así como a los detenidos por su participación en la guerra de Gaza. Recoge también que la prioridad de futuro será garantizar la reconstrucción y la seguridad de Gaza, con un papel político importante de la Autoridad Nacional Palestina, la contribución de la comunidad internacional para la reconstrucción y una Junta de Paz que controlará el proceso, Junta formada por personalidades con experiencia de gobierno, ex primeros ministros y ex ministros. De momento, solo está confirmado Tony Blair.
Es un proyecto de acuerdo que contempla todos los problemas posibles, además de los ya acumulados por la guerra. Da prioridad a la atención humanitaria de una población que no tiene nada, ha perdido todo. Pero contempla también los problemas de fronteras, tan vinculados a la seguridad.
El primer problema se ha planteado ya con la falta de apoyo de Hamas, que aún no se sabe si será inabordable o por el contrario cabe el dialogo. El segundo, que Netanyahu se ha negado tajantemente a aceptar el reconocimiento de un Estado Palestino. Preocupa menos, Netanayhu no es eterno y además su política respecto a Gaza ha provocado un rechazo muy importante en parte de la población israelí. Probablemente hoy no volvería a ganar unas elecciones.
Hay una propuesta de paz sobre la mesa con importante respaldo. Llega el momento, nunca fácil, de negociarla.
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