Jaime Noguerol
EL ÁNGULO INVERSO
Turismo de convento y batalla
MUJERES
Siento que vivimos en una época que podría calificarse como el colmo de las rarezas, nunca jamás soñada ni en las peores pesadillas de una mente enferma de gravedad. Todo es extraordinariamente caótico. Parece como si el mundo se hubiera vuelto majara. Y no hay niveles sociales que se salven. Las tonterías, las ocurrencias, los actos humanos (?) no conocen límites. Cada cual va a lo suyo sin orden ni concierto alguno, y los que contemplan las mayores barbaridades las aplauden como si no hubiera mañana. Y a lo peor no lo hay. Todo puede suceder. O lo contrario, que el mañana no se acabe jamás. Esto es lo que se desprende de los estudios que realizan muchos científicos que en algún caso han tomado el relevo de los alquimistas, aquellos señores que buscaban sin prisas pero sin pausa la piedra filosofal. Y no solo ellos. Ponce de León también trataba de encontrar la Fuente de la Eterna Juventud. Y otros tantos que se pasaron la vida escarbando a ver si…
Ahora un científico americano de nombre Aubrey de Grey cree en la inmortalidad humana, y que esta se acerca ya a ese sueño dorado. O sea, lo que siempre se ha sospechado: que somos dioses. ¡Qué emoción!
A partir de ahora, con nuestra divinidad, podremos bajar el precio de las patatas. Eso espero. Otros científicos más moderados solo ofrecen mil años de vida, pero ¿cuánto hay que pagar? Oigan, que yo no digo que no, por favor. Soy muy propicia a todas las cosas buenas, y dados los avances de estos tiempos, ¿quién puede negar el poder dar de baja a la Parca y que quede aparcada in aeternum? Además aseguran que no se envejecerá nunca, y que la humanidad se mantendrá sana, dicharachera y bailona. Vamos, un pimpollo. Todo genial. Pero yo me pregunto ¿qué haremos con tanta vida, si casi no podemos con la presente?
Dicen que esa gracia general está al caer. Muy bien, pero si no morimos nunca ¿cómo nos vamos a apañar en las guerras? Porque los dioses mitológicos siempre estaban a mamporros por esto o por lo otro. ¿O vamos a ser buenos? No sé, no sé. Lo veo muy complicado. Y la envidia y demás “virtudes” ¿se erradicarán? ¿Seguirán vigentes los políticos? Huy, qué mal lo veo. Quiero ser mortal, con una buena calidad de vida en lo que esta dure, hasta que llamen. Y si hay que ir, se irá. Pero ir “pa’ná”, no sé yo. Esperemos a ver qué pasa. A lo mejor todo es verdad.
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