Gestos y algo más, para Ceuta

Publicado: 15 oct 2026 - 05:10
Opinión en La Región
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Hay una cuestión que demasiados políticos parecen haber olvidado: en política no basta con hacer; también hay que saber estar. La gestión se mide en resultados, pero la responsabilidad pública se mide, además, por la capacidad de acompañar a los ciudadanos cuando más lo necesitan. Una presencia oportuna puede transmitir confianza; una ausencia injustificable puede destruirla. Y, en ocasiones, una imagen vale más que cien discursos.

La visita de los reyes de España a Ceuta es una magnífica demostración de esa realidad. Felipe VI y doña Letizia han acudido a una ciudad que, por su singular situación geográfica y estratégica, necesita sentir de manera inequívoca el respaldo del Estado. Su presencia, el contacto directo con los ciudadanos y la decisión de pernoctar allí constituyen mucho más que un acto protocolario. Son una declaración de compromiso y una inyección de ánimo para los ceutíes.

Conviene ponerse por un momento en su lugar. Vivir en una ciudad española separada de la Península por el Estrecho, junto a una frontera sometida a fuertes tensiones, exige una dosis adicional de confianza en las instituciones. Por eso, ver a los reyes pasear por sus calles y escuchar sus preocupaciones tiene un valor extraordinario. Les recuerda que no están solos, que pertenecen a España y que su seguridad y su futuro deben importar al conjunto de la nación. Los gestos, cuando son auténticos, no son propaganda: son política en estado puro.

Y es precisamente desde esa convicción desde la que resulta inevitable establecer un contraste con Pedro Sánchez. Todavía permanecen en la memoria las imágenes de Paiporta, durante la tragedia de la dana, cuando los reyes, el presidente del Gobierno y Carlos Mazón fueron increpados por vecinos desesperados. Sánchez abandonó el lugar en medio de una situación de tensión y aquella imagen le valió el sobrenombre de “el galgo de Paiporta”. Las razones de seguridad pueden explicar una decisión, pero difícilmente borran su impacto emocional.

Lo que vino después tampoco contribuyó a mejorar esa percepción. Mientras los damnificados seguían afrontando las consecuencias de la catástrofe, el presidente continuó sus vacaciones en La Mareta, en Lanzarote. Naturalmente, nadie discute el derecho al descanso. Lo que cabe exigir a un presidente del Gobierno es que comprenda que existen momentos en los que la responsabilidad institucional obliga a anteponer la presencia, la solidaridad y la ejemplaridad a cualquier consideración personal.

El contraste con Alberto Núñez Feijóo merece también ser señalado. El líder del Partido Popular ha visitado Ceuta en varias ocasiones en un breve periodo de tiempo: el 1 y el 19 de agosto, el 2 de septiembre y el 21 de septiembre, acompañado en esta última ocasión por dirigentes del Partido Popular Europeo. Es una forma de mantener la atención política sobre los problemas de la ciudad y de hacer visible su respaldo. Sánchez, por su parte, no acompañó a los reyes en su visita histórica del 13 de octubre.

No pretendo sostener que una visita resuelva los problemas de Ceuta

No pretendo sostener que una visita resuelva los problemas de Ceuta, ni que la presencia de un dirigente lo exonere de la obligación de ofrecer resultados. Sería una conclusión tan simplista como equivocada. Pero tampoco acepto que se considere irrelevante dónde está un gobernante, cuándo aparece y qué transmite con su comportamiento. La política no es únicamente administrar el poder: es asumir la responsabilidad que ese poder lleva consigo.

Ceuta necesita mucho más que gestos. Necesita seguridad fronteriza, cooperación internacional eficaz, recursos suficientes y una política de Estado que no dependa de las circunstancias ni de los intereses electorales. Pero necesita también saber que sus ciudadanos cuentan, que sus preocupaciones se escuchan y que quienes gobiernan España están dispuestos a dar la cara.

Esa es mi reflexión: los ciudadanos pueden comprender un error, una dificultad e incluso una decisión impopular. Lo que difícilmente perdonan es sentirse abandonados. Porque, cuando llegan las horas difíciles, los discursos se olvidan, las explicaciones pierden fuerza y las fotografías permanecen. En política, cada presencia compromete y cada ausencia deja una huella. Los reyes han entendido el valor de estar en Ceuta. Ahora corresponde a los responsables políticos demostrar que ese gesto no quedará reducido a una jornada histórica, sino que tendrá continuidad en decisiones concretas.

España no se defiende solamente con declaraciones solemnes ni con proclamas sobre la unidad nacional. Se defiende estando al lado de los españoles que necesitan sentirla. Y Ceuta, hoy, tenía razones de sobra para necesitar ese abrazo institucional.

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