Recuerdos de este prolongado estío cantábrico

DEAMBULANDO

Publicado: 15 oct 2026 - 06:10
Opinión en La Región
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Dicen que camino de sus cuarteles de invierno pasan más de dos millones de aves migrantes marinas y terrestres por esta divisoria del Cantábrico con el Atlántico, que es el cabo de Estaca de Vares, que en tiempos se decía Bares, siendo uno de los promontorios más al norte de la Península Ibérica. Aves entre las que gaviotas, charranes árticos, ánades, que más que alzarse en las alturas cabalgaran las olas costeras, por lo que imperceptibles en sus rasantes vuelos. Las gaviotas que antes de muchas bandadas por acá, en unos cuantos ejemplares que alzaran el vuelo a tu paso más que en bandadas, en unos cuantos individuos de la especie. Un amigo, Fer Risco Ulloa, ahora aficionado a las aves, trajo un saco de ilusiones para ver el espectáculo y por pequeñas inclemencias se quedó con las ganas de esa fabulosa emigración de las aves, perdiéndose por estos bellísimos acantilados que algo las vistas le habrán compensado.

Siguen con este prolongado estío pasando las migrantes hacia el África Sahariana o Sub, y más allá las golondrinas que arribarán a Suráfrica para pasar la invernía en ese increíble viaje de tantos miles de kilómetros, que desde el norte de Europa más de 15.000 para ave tan frágil, en apariencia.

Con las ganas de ver pasar bandadas me doy una vuelta a sol pleno, arribo a la Estaca y me quedo con las ganas. Menos mal que el paisaje compensa con el promontorio donde ubicado el faro, la desmantelada, o mejor, abandonada base americana, por desplazada por los llamados satélites artificiales que circunvalan el globo y donde los primeros aerogeneradores del país, de la entonces Fenosa, hace tiempo desarmados por inservibles. Los molinos en cascada que se alimentan de riachuelo de breve curso, y la subida a la cumbre norte de esta península de Bares donde se asienta un semáforo de ayuda a la navegación, hoy inservible también. Allá en el fondo, a cobijo de los fieros aquilones la villa o aldea de Porto de Vares, que más vida que la de Vares, monte arriba. Por esta península una cantera gigante extrae todo el mineral que es posible acumular en la explanada del puerto de Celeiro, una autentica montaña de piedras de sílice ya machacadas que se transportan en camiones de cajas de acero que de tal porte que uno se creería errando por las canteras de pizarra de Valdeorras. La montaña del puerto que durante 15 días fueron acumulando los incansables camiones se despachará en un dia en las bodegas de un carguero, lo que trae la comparativa de lo que se llevaban, hace como centuria, desde las minas de Silvarosa por vagonetas aéreas que por gravedad vaciaban su contenido en las tolvas en el llamado Cargadoiro. Un pálido reflejo, si se quiere, de lo que hoy se desparrama por Europa para las factorías de superconductores.

Como si los soltomantes quisieran disfrutar cuando estos más embutidos en trajes de neopreno para afrontar surfeando olas la mayoría"

Volviendo al verano que no acaba de irse, por acá a 23 grados, por ahí a más de 30, decir que al vacío de ayer mismo de las playas por estos mediados de octubre, donde el turismo residual del tórrido verano ahora ha dejado más testigos cada año, y donde antes la soledad, ahora la concurrencia de algunas docenas. Como si los soltomantes quisieran disfrutar cuando estos más embutidos en trajes de neopreno para afrontar surfeando olas la mayoría.

Unos a la mar y otros a surfear los acantilados por prodigiosos senderos de costa que te llevarán por los acantilados de Loiba, la recóndita y profunda playa de Picón, tan cinematografiada, o mellor banco do mundo, al que tantas réplicas que no competencias le han salido, las agrestes playas de Sorridal, Pedra Furada, Carros donde te plantarías si capaz fueses de deslizarte cuerda abajo o subirla luego de profanar la playa, que de esto saben un tanto unos expedicionarios a los que un día metí en la aventurilla de trepar: el entusiasta Pepín Méndez, y su no menos, su sobrino Javi Méndez, el musicólogo Xoan Antón, el navegante y montañero Julio Álvarez, el leonés Manolo Ordás, la bailarina Sonia, aunque alguno no atreviéndose en la trepada, soga mediante, volvería sobre sus pasos, luego de un pequeño susto que a algún intrépido, en espontáneo baño, dio la fuerte resaca en estas bravas arenas.

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