Itxu Díaz
CRÓNICAS DE VERANO
Es usted muy gracioso, es usted muy ingeniosa
CRÓNICAS DE VERANO
Una de las sensaciones más desconcertantes de la vida es cuando te encuentras con alguien a quien solías conocer y, de pronto, no lo conoces. Por razones de cultura femenina, me pasa más con las chicas, más propensas a los cambios de estilo y peluquería, que con los chicos, por lo general menos sofisticados. Esta semana el mal trago lo ha pasado Isabel Preysler, cuando se encontró frente a frente con Pilar Rubio, a quien notó tan cambiada que le salió del alma un “¿quién eres?” cuando la presentadora se acercó a darle dos besos en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid. La tensión duró segundos que fueron eternos, hasta que decidió identificarse con un espontáneo “¡soy Pilar Rubio!”. A lo que la Presyler contestó con un “¡Ay, Pilar!”, y repetidas muestras de cariño y complicidad, en un clásico ejercicio de compensación después de la pifia. Es una ventaja que tienen los más famosos, que están de vuelta de los contratiempos de la intensa vida social. Yo habría excavado un agujero, y habría enterrado el cráneo bajo tierra durante al menos los tres próximos inviernos. Jamás habría dicho “¡ay, Pilar!”, que al final es reconocer que no tenías ni la más remota idea de quién era tu interlocutor. A propósito, Pilar Rubio está irreconocible.
Hace ya mucho tiempo que tengo pánico a los desfiles de modelos. Por razones laborales, e incluso por curiosidad antropológica, sigo cada año la Mercedes Fashion Week, pero siempre con el corazón en un puño. Tengo miedo a que aparezca algo que pueda marcarme, algo que se me quede clavado en las retinas durante muchos años. Esta vez el honor lo tiene el cantante Rodrigo Cuevas, que apareció de esta guisa en el desfile de Celia B, ataviado como un fondo marino inhóspito, con dejes de la España cañí tal y como la parodiaban Martes y 13. Como adicto confeso a la admiración de la belleza, estoy sopesando arrancarme los ojos. Menos mal que luego he visto el desfile de modelos femeninas de Custo Barcelona y me he reconciliado con las cosas bonitas de la vida y del vestir.
Todos conocemos historias de famosas que enlazan relaciones una tras otra obteniendo siempre el mismo resultado fatal: ruptura más o menos traumática y vuelta a empezar con otro. Y así pasan los hombres, las ilusiones, las primeras citas, y las rutinas. Todos conocemos infinidad de protagonistas de estas historias que se pasan la vida echando balones fuera, asegurando que tal o cual resultó ser un miserable, y que la vida es muy injusta con ellas. Por eso, honor a Sheila Casas que ha roto esta tendencia admitiendo algo que pocas veces admitimos: cuando una relación tras otra las cosas se quiebran por el mismo lugar, tal vez el problema no sea solo de los demás. La hermana de Mario Casas ha sido valiente y ha reconocido lo que nadie se atreve a admitir: “No tengo buen ojo para los hombres”.
Gran revuelo por una mala respuesta del cantante Alvaro de Luna a un grupo de periodistas. Los periodistas somos cansinos, presuntuosos, insistentes, y un montón de cosas más. Es parte de nuestro trabajo. Los periodistas de la prensa rosa son eso multiplicado por cien. El cantante acudió con su novia Jelen Patiño al desfile de su amigo Álvaro Calafat. Allí la prensa le abordó preguntándole lo obvio, si había venido a apoyar a su amigo, si estaba disfrutando el momento, o incluso le lanzaron en décimas de segundos ráfagas de preguntas sobre su nuevo disco. El muchacho, a la primera, respondió “No, de verdad, te lo agradezco”. Pero la pareja siguió recibiendo una lluvia de preguntas ansiosas, hasta que el cantante se puso borde y explicó, de forma bastante taxativa, que no le daba la gana de responder. Esto ofendió muchísimo al colectivo de la pluma, pero -nunca he sido sospechosos de corporativismo- todo mi apoyo a Álvaro de Luna. El nivel de acoso impertinente que tienen que soportar famosos que lo son tangencialmente, como es el caso de un actor o un cantante, no es humano, y uno no puede esperar siempre un trato cálido y humanitario. Fernando Fernán Gómez tenía razón en casi todo, en esto también. Imposible olvidar cuando, asediado por un divertidísimo Pablo Carbonell en los tiempos de CQC, se levantó de la mesa donde almorzaba y le gritó: “Es usted muy gracioso, es usted muy ingenioso, dígaselo a su mamá y que le dé dos besos, pero a mí déjeme en paz”. Genio y figura.
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