Itxu Díaz
EL ÁLAMO
El turismo es una bendición para España
CAMPO DO DESAFÍO
Cuando a finales de este mes de julio el comité del Patrimonio Mundial de la Unesco decida incluir o no a la Ribeira Sacra dentro de los lugares de valor universal excepcional, culminará un proceso que, en cualquier caso, estará en su fase inicial. Y esto será así, insisto, tanto si se logra la nominación como si esta precisa de una nueva reconsideración de los enfoques del trabajo de consultoría y la adecuada intervención política. Los valores culturales y naturales de la Ribeira Sacra no dependen, por fortuna, de aprobar este examen ante los 21 representantes que forman el Comité de Patrimonio Mundial.
Quienes desde hace años y por puro placer recorremos este espacio único, damos fe de los valores que la naturaleza ha puesto a disposición de las comunidades humanas asentadas en sus orillas. Las mejoras materiales que éstas han impulsado en los últimos años son claramente observables y buena parte de ellas incorporan la adecuada sensibilidad y respeto para con los valores del patrimonio recibido. No es de menor importancia, y el profesor Vázquez Barquero lo ha destacado en este medio, la óptima colaboración institucional alcanzada. La Ribeira Sacra, como idea integradora y movilizadora de voluntades, está vigente y se percibe en la acción eficaz y sostenida a lo largo de los últimos años.
Los valores culturales y naturales de la Ribeira Sacra no dependen, por fortuna, de aprobar este examen ante los 21 representantes que forman el Comité de Patrimonio Mundial
En el mundo existen 1.248 lugares patrimonio mundial de la humanidad repartidos en 170 países; 50 en España y cuatro en Galicia: el casco histórico de Santiago de Compostela, el Camino de Santiago, la muralla romana de Lugo y la Torre de Hércules en A Coruña. La Ribeira Sacra, su monumentalidad natural labrada por las aguas del Miño y el Sil, las modificaciones y adaptaciones realizadas a lo largo de la historia por los habitantes de sus orillas, ofrece hoy un resultado natural y cultural que no desmerece de casi cualquiera de los lugares excepcionales reconocidos.
Conviene, sí, una última reflexión. La Unesco, con estas distinciones, busca identificar, proteger y preservar determinados espacios. Más concretamente, hace especial hincapié en el papel de las comunidades locales frente al cambio climático, la urbanización acelerada o el turismo masivo, desafíos a los que nuestro país y, en concreto, la Ribeira Sacra se enfrentan, no sé si con las ideas del todo claras y las herramientas precisas. De todos ellos, el turismo masivo plantea la mayor amenaza. No solo porque pone en jaque el frágil equilibrio natural, que la declaración como patrimonio mundial reconoce, sino porque determinados agentes políticos, sociales y económicos se ven tentados, aquí y en casi todas partes, en medir el éxito del reconocimiento por los miles de visitantes atraídos y el tamaño de la recaudación obtenida. ¡Ojalá Ribeira Sacra logre sus objetivos!
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