La gran cagada

Publicado: 13 abr 2026 - 05:10
Opinión en La Región
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Parece ser que la señora Elma Saiz sufre ya deterioro cognitivo u olvidó su paso, por Primaria y Bachillerato, en el Colegio San Cernín de Pamplona -por supuesto, entonces centro privado y hoy concertado, como acostumbra a suceder con la mayoría del PSOE-, regido por las religiosas francesas de la orden de La Asunción. Se conoce que, pese al interés de los suyos por ofrecerle una enseñanza elitista, la futura ministra se mantenía ausente en su ausencia, hasta el extremo de desconocer el papel destacado de las mujeres en la Semana Santa de Pamplona, en concreto la cofradía de la Virgen de la Soledad, llamada La Dolorosa, donde participan desde hace más de un siglo tanto en la organización como en los actos religiosos.

Así, las cofrades conocidas como Hermanas de la Soledad mantienen una participación destacada en el Viacrucis, con procesiones de naturaleza mixta, que muestra el protagonismo femenino en la ciudad. Aunque a la señora ministra no le valió e, intentando meter mano en la Iglesia, acusó a la institución de excluir a las mujeres. El caso es incordiar, no importa si dando la matraca o moliendo al personal, con tal de tener dos segundos de gloria en el telediario, aunque sea a costa de decir barbaridades.

Aún desprenden calor las cenizas de la bulla de la ministra de la Seguridad Social y Migraciones, y a la sazón, portavoz del Gobierno, que se cansó de dar la tabarra con temas que le vienen grandes o no le vienen a cuento, como el berrinche porque en los pasos de la Semana Santa no hubiera mujeres, cuando sale a la palestra la ministra de Igualdad, Ana Redondo, con el nuevo caballo de batalla del PSOE, persiguiendo blindar el aborto en la Constitución, de donde surge toda una serie de preguntas lógicas. Si, según el Ministerio de Sanidad, se practican al año 100.000 abortos, está claro que a la mayoría le importa un cuerno la interrupción del embarazo, de sobra legislado. Es más, para evitar oleadas de inmigración ilegal, eliminar guetos y choques culturales, lo idóneo sería que el Gobierno se concentrara en políticas de fomento a la natalidad, para garantizar la continuidad del sistema.

El interés final radica simplemente en ir arañando letra a letra para erosionar por completo la Carta Magna

¡Pero no, se empeñan en el aborto! ¿Y por qué no blindar en la Constitución el derecho a la vivienda, que sí es una preocupación de una inmensa mayoría? ¡Vaya! Porque eso les obligaría a diseñar programas de construcción de viviendas de protección oficial, lo que a su vez exigiría tener Presupuestos Generales del Estado, y, claro, sale más barato arrancar las placas de las viviendas de protección oficial construidas durante la dictadura, con la excusa cutre del arco y las flechas.

Pero ¿qué interés tiene entonces el aborto? Ah, no, el interés real es esa manida costumbre de los políticos de querer meterle mano como sea a esa señora cuarentona cuyos padres la alumbraron en 1978. Es el intento perverso de abrir una simple brecha en la Constitución para poder sustituir a la vaca sagrada por el becerro de oro, endilgando a la ciudadanía cambios sutiles pero trascendentes, para beneficio del gobierno de turno.

Ya se hizo con la mudanza del artículo 49, en el que se denominaba disminuidos a los discapacitados. Pero lo grave fue la coletilla final: “con especial atención a mujeres y menores con discapacidad”, excluyendo de un plumazo a los hombres y cargándose de una sentada la igualdad ante la ley, con independencia del sexo, consagrada en ese mismo ordenamiento fundamental del Estado español, maniobra consolidada gracias a la participación necesaria y gran cagada del PP.

El interés final radica simplemente en ir arañando letra a letra para erosionar por completo la Carta Magna, de manera que el sanchismo pueda replantear una nueva Constitución, lo más cercana al contrato de Groucho Marx, para hacer y deshacer a capricho. Llegados a este punto, cabe preguntarse: si estamos en la época de la leche sin lactosa, la cerveza sin alcohol y el café sin cafeína, ¿para cuándo los gobiernos sin imbéciles?

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