Afonso Vázquez-Monxardín
A anormalidade normal
LA PUNTILLA
Nos encontramos a punto de acabar la primera cuarta parte del siglo XXI y todavía quedan muchos asuntos que resolver a pesar de que es extraño que no se hayan abordado antes. Bueno, al contrario, es lógico que no se haya hecho porque suponía un gran ahorro para los empresarios. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, le ha metido mano, al menos en proyecto, al trabajo de los becarios y a los contratos de formación, dos formas de acceder al mundo laboral que a los empresarios les resultaban sumamente rentables, porque los agraciados con esas formas de contratos trabajaban gratis o cobraban muy poco. La necesidad de adquirir experiencia era aprovechada para sustituir a trabajadores adscritos a un convenio por otros que al cabo de poco tiempo lo hacen tan bien como los titulares, pero a coste cero. Así se entiende que muchas empresas vayan viento en popa porque se ahorran sueldos y cotizaciones sociales. Y quién logra un trabajo de esos hasta se muestra agradecido por la oportunidad de formarse. Los empresarios tendrán que adaptarse a la costumbre de pagar por el trabajo de sus empleados, que para eso son su mejor activo. O eso dicen.
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