Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
Nicolás
La guerra de Ucrania acaba de cumplir mil días. Una guerra, de la que Rusia es la única responsable. A lo largo de esos días hubo amaneceres y crepúsculos, pero sobre todo, muertos. Un desfile cotidiano de cadáveres: cadáveres de niños, de ancianos y de jóvenes combatientes con unas vidas recién comenzadas. Sobre el papel era un combate desigual, Goliat contra David. Un imperio secular contra una pequeña nación recién aparecida en los mapas de la historia, pero que resistió con un inaudito coraje por encima de lo esperado. Un coraje que confirmó su identidad nacional.
Desde el primer día de la invasión la comunidad internacional dividió los apoyos. A la hora de apoyar al invasor o al invadido no se hizo según los cánones de la racionalidad sino por cálculos de intereses estratégicos, económicos y políticos. En general, Europa, Estados Unidos y los países occidentales apoyaron a Kiev y a Rusia: China, Corea de Norte, Irán y antiguos países comunistas. Se desenterraron los viejos esquemas de mundo bipolar.
Desde el principio de la guerra, el presidente ucranio, Volodomir Zelensky tenía una aspiración y una esperanza, que le dejaran utilizar contra objetivos situados en territorio ruso los misiles americanos de largo alcance, los ATACMS con los que podían neutralizar las bombas rusos lanzadas desde lugares situados en territorio ruso a más de trescientos kilómetros. A lo largo de los últimos meses, Joe Biden se resistió a los razonamientos de Zelensky por considerar que suponía un paso muy peligroso que llevaba el conflicto a fronteras insospechadas. Desde el Kremlin consideraban que un paso de esa naturaleza significaba que los Estados Unidos se implicaba directamente en la guerra.
El atrabiliario presidente norcoreano no tenía el menor escrúpulo en alinearse con Moscú de una manera abierta y clara
Dos hechos contribuyeron de forma determinante en la decisión de Biden para dar ese paso. Por un lado, los servicios secretos de varios países, especialmente los de Corea del Sur, constataron que Corea del Norte había enviado 12.000 soldados perfectamente equipado a combatir al lado de los rusos en Ucrania. El atrabiliario presidente norcoreano no tenía el menor escrúpulo en alinearse con Moscú de una manera abierta y clara, sin pretender disimularlo. El otro motivo para que Joe Biden autorizara a Kiev a atacar a Rusia en territorio ruso, con cohetes estadounidenses, fue la rotunda victoria de Trump en las presidenciales de los Estados Unidos. A lo largo de la campaña Trump repitió con insistencia que si llegaba a ocupar la Casa Blanca terminaría en dos días con la guerra de Ucrania. Y ya sabemos lo que esto supondría conociendo los antecedentes de Trump. Suspendería las ayudas a Ucrania y la obligaría a ceder un amplio territorio a Rusia. Lo que equivaldría a darle una victoria a Putin. En estos momentos el juego de los dos países enfrentados en la guerra es ocupar zonas geográficas de control con vistas a unas próximas negociaciones.
A las pocas horas de que Joe Biden diera el permiso a Kiev para atacar con los cohetes estadounidenses ATACMS en territorio ruso, Zelensky y su Estado Mayor decidieron llevar a la práctica una autorización por la que tanto habían luchado y suplicado, sin importarles si cruzaban a no una línea roja, después de ver cómo Moscú había pasado todas las líneas del arco iris al integrar casi doce mil soldados norcoreanos en los frentes de Ucrania, al utilizar carros de combate chinos y drones iraníes por aire y tierra. El ataque de las fuerzas de Kiev contra territorio ruso se produjo hace tres días en la región de Briansk, cerca de la frontera de Ucrania, según fuentes del ejército ruso confirmadas por el gobierno de Ucrania. Los cohetes disparados contra una base militar causaron un incendió que fue apagado sin producir daños notables”, los portavoces de Moscú calificaron este ataque como una implicación de los Estados Unidos en la guerra. A pesar de que desde el ejército ruso tratan de minimizar los daños, otras fuentes dicen que el bombardeo de las instalaciones del 67 Arsenal de la Dirección Principal de Misiles y Artillería de Rusia fue más serio de lo que dijeron. El arsenal atacado está situado a 400 kilómetros de Moscú y a 130 de la frontera de Ucrania.
Este hecho provocó en Rusia un acalorado incendio de amenazas y declaraciones agresivas que acusaban a la administración Biden de echar gasolina al fuego. Desde ese día un diluvio de amenazas cae sobre Ucrania. Se anuncia una interminable nube de misiles y bombas desplomándose a lo largo y ancho de todo el país. El temor es unánime a lo largo y ancho de toda su geografía, pero el miedo no solo es palpable en Ucrania, también los es en las profundidades de Rusia, donde la tranquilidad se ha acabado, ya que los cohetes Atacms (Army Tactical, Missile, Systemes) son muy precisos y eficaces.
La inquietud temblorosa de Rusia se refleja en las declaraciones de sus dirigentes, aludiendo al fantasma omnipotente de su amplio arsenal nuclear, pero ya se sabe que la utilización de bombas nucleares en una guerra solo se podrá utilizar una vez. La última, no habrá segundas oportunidades. El presidente de la Duma, Viatcheslav Volodine he declarado que no dudarán en utilizar armas nucleares contra Ucrania, si Ucrania ataca Rusia con misiles americanos. Y por su parte el presidente Putin acaba de firmar un decreto sobre la nueva doctrina nuclear del Kremlin que apela a la posibilidad de utilizar armas nucleares en el caso de que los ucranios utilicen armas convencionales norteamericanas contra objetivos rusos.
En esta coyuntura de delirios bélicos, no es extraño que muchas voces apelen a que estamos ante la tercera guerra mundial. Un gran colofón para terminar con la humanidad. Digno de una gran ópera alemana escrita por Wagner.
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