Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Siempre quise ser guionista. Especialmente guionista de documentales de naturaleza.
Ahora de mayor me doy cuenta de que yo tenía que haber sido un Gerald Durrell niño en Corfú como lo retrata maravillosamente la preciosa serie británica de televisión “Los Durrell”, cuyo visionado recomiendo a todo el mundo. De hecho creo que he leído todo o casi todo lo publicado, al menos lo publicado en español, de Gerald Durrell.
De crío también yo fui ese niño que llevaba siempre animalitos encima o encima del hombro. Tuve docenas y docenas de mascotas, a cual más insólita.
No solo perros, de chaval tuve tres, sino también una tortuga, un galápago, dos erizos, varios grillos, un ratón, un canario, muchas ranas, un par de hámsters, hasta una golondrina y docenas de escarabajos y otros insectos en los bolsillos o guardados en una cajita de cerillas. Lo sorprendente es que entonces yo cazaba esos animales sí, pero a continuación ellos se pegaban a mí y no se querían ir de mi lado.
Era como si yo tuviera un imán para toda clase de bichos. Un verano en un campamento de críos en A Coruña tuve incluso durante un par de días un abejorro gigantesco que aterrorizaba y asombraba a mis amigos, pero a mí me trataba como si fuera su hermano.
Me gustaría haberme dedicado a eso y haberme ganado la vida así
Con el tiempo eso cambió. Mis largos veranos y estancias en Tabagón y O Rosal de la infancia desaparecieron, y me convertí en un tipo súper urbano que pasó a vivir siempre en ciudades. Y me alejé de aquellos animales que tanto me querían. No fue por mi voluntad he de decir. Fue casual.
Me gustaría haber sido, creo, uno de esos personajes anónimos que escribe textos para los documentales de naturaleza de La 2 de TVE, o de la BBC. Un guionista de David Attenborough, del comandante Cousteau o de Félix Rodríguez de la Fuente.
Textos como estos por imaginar algunos de repente que me voy a inventar ahora: “Una leoparda se despereza en la mañana junto a sus cachorros…”, o “A los revoltosos y agresivos babuínos jóvenes les encanta hacer monerías…”, o “El señor y la señora chacal tienen mucho que hacer hoy…”, o “La rata almizclera consigue por fin su recompensa…”, o “Los buitres dan buena cuenta de la cebra muerta, hay que luchar por cada bocado…” o “Al bonobo le gusta más el amor que la guerra…”
Ok. Será una tontería pero a mí, ¿qué quieren que les diga?, los textos de este tipo me parecen el summun de la excelencia literaria. Me gustaría haberme dedicado a eso y haberme ganado la vida así.
Es decir, escribiendo en un escondido rincón oscuro como en el nido de una musaraña, esas palabras que después un buen locutor con la voz de un actor de Hollywood pondría como fondo a las preciosas escenas del apareamiento de unos leones marinos en las costas de las Galápagos.
Yo querría haber sido guionista. Pero no pude.
¡Tchk, qué mala suerte!
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
AL MENOS UN HERIDO
Una colisión entre dos coches provoca retenciones en Rabo de Galo, Ourense
CÚMULO DE LESIONES
Totó, el pulmón del Allariz
LOS LIBROS QUE LEO
"Cartas a un joven poeta" para una búsqueda de la paz interior