Habermas

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 17 mar 2026 - 00:45
Opinión en La Región
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La larga vida de Jürgen Habermas (1929-2026) le ha permitido, mal que le pese a él y a nosotros, confirmar algunos de sus propios temores. Así, por ejemplo, la desconfianza sobre el uso que los dueños de las grandes empresas tecnológicas dan a sus productos y datos de los usuarios, la producción indiscriminada de noticias falsas que “ya ni siquiera pueden identificarse como tales” o “la dominación de las élites y las naciones de élite, con el argumento de su superioridad natural”. Confirmaciones que, lejos de halagar su capacidad de observación y análisis, arrastraron al maduro Habermas a un lógico escepticismo no exento, eso sí, de la rebeldía y el inconformismo que siempre le caracterizaron.

Fue en la década de los setenta cuando empezarían a llegar los textos de los filósofos y pensadores del Instituto de Investigación Social, la conocida como Escuela de Fráncfort. Un grupo de intelectuales alemanes, la mayoría de origen judío, que en los años treinta emigrarían a Estados Unidos huyendo del nazismo. Entre ellos estaban Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse o Erich Fromm. Formaban la primera generación del pensamiento crítico y que, al acabar la guerra, regresarían a Alemania, salvo Marcuse, que desde Estados Unidos alcanzaría notable influencia durante las revueltas juveniles de los sesenta. En España, como digo, sus libros, más los de Walter Benjamin o Wilhelm Reich, serían publicados por Taurus de la mano de Jesús Aguirre, futuro duque de Alba. La mezcla de Ilustración, marxismo, Freud, Weber, la crítica al capitalismo deshumanizador y al autoritarismo agazapado en el Estado hegeliano, eran los ejes del sugerente pensamiento de la primera generación de los francfortianos.

El relevo de la segunda generación y a su cabeza, Habermas abriría nuevas vías de reflexión y una mayor intervención concreta en los debates de una Alemania dividida, la Europa en construcción política y el acelerado desarrollo del capitalismo, junto al definitivo descrédito del comunismo y el modelo soviético. En este sentido, el antiguo miembro de las juventudes hitlerianas, como sería también el caso de Grass o Ratzinger, convertido desde 1964 en catedrático de Filosofía y Sociología en Francfort y en 1971 director del Instituto Max Planck, ahondaría en la reflexión sobre la esencia de la democracia: la acción comunicativa entre diferentes, la confianza en la Razón y en las buenas razones; el valor de la deliberación y el reconocimiento recíproco entre las partes. Todo, como base para la construcción política de la convivencia. Todavía en noviembre de 2025, Habermas advertía que “los debates públicos no dependen de los likes; las redes sociales –decía- no contribuyen a crear una esfera pública para el intercambio de ideas”. Y recomendaba, con más perentoriedad que nunca, “mantener la identidad normativa y el talante democrático y liberal”. Imprescindible.

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