Luis Sotelo
Nos han robado la televisión pública
El próximo 28 de octubre Televisión Española cumplirá setenta años. Gran parte de los españoles que la ven, bueno, que la vemos, somos más jóvenes que el propio “ente”. A lo largo de sus siete décadas ha emitido programas de gran calidad en todos los géneros. Desde “La casa de los Martínez”, un magacín con un cierto argumento teatral que incluía el primer espacio de cocina de la historia de la televisión española que presentaba la viguesa Margot Torrado, a “La Clave”, de Balbín, que fue todo un referente durante la Transición. En esa época dio a luz programas verdaderamente valientes que vistos cuarenta y cincuenta años después siguen siendo ejemplos del mejor periodismo televisivo y antídoto de esa imagen que siempre la ha perseguido de ser un medio al servicio cada uno de los gobiernos que la han controlado.
Con la llegada de los canales privados se hizo más notable su sumisión al poder de turno y todos los intentos de independizarla del palacio de la Moncloa han fracasado estrepitosamente. Y en paralelo, la calidad de la programación se ha ido degradando. Ya no es el servicio público, el deber de formar e informar con pluralismo los ejes a partir de los cuales se teje la parrilla de contenidos, sino una suerte mixtura entre ejercer de gran altavoz de los intereses del Gobierno y contraprogramar o combatir los estados de opinión adversos al presidente, sus familiares más allegados, sus ministros y ministras y, ahora también, expresidentes bajo la lupa de la Justicia.
No hay más que sumar. ¿Cuántas horas dedica TVE a programas en los que conductor y tertulianos acomodan al interés de la Moncloa las noticias y sus opiniones? Son más de diez horas diarias, que se dice pronto, entre “Mañaneros 360”, “Directo al grano”, “Malas lenguas” y “La noche en 24 horas” que emiten mayoritariamente en La 1, pero también en La 2 y en el canal 24 horas. No queda ningún frente sin tocar. No hay servicio público como objetivo. No se trata de explicar lo que sucede, contando para ello con expertos en cada materia.
El objetivo de tantas horas y horas de seudomagacines no es ayudar al espectador a desarrollar su propia opinión
Se provee de tertulianos afines a la causa, que parecen aleccionados con los argumentarios que salen de los gabinetes gubernamentales, gracias a los cuales dominan con igual arte la materia judicial en el caso de Koldo, Ábalos, Cerdán, Zapatero, la ingeniería ferroviaria en un accidente de tren, la prevención de catástrofes ante una dana o una ola de incendios forestales… En fin, que recuerdan esas series de médicos en las que el protagonista tanto le miraba la próstata a un enfermo como le operaba de cáncer de páncreas o le colocaba un marcapasos.
Un ejemplo burdo y reciente de esta dictadura informativa lo hemos visto esta semana cuando en Mañaneros pusieron el acento en las actividades empresariales de los expresidentes Felipe González y José María Aznar, con el propósito de naturalizar las que han llevado a la imputación de Zapatero (quien por cierto fue el presidente que menos zarandeó la televisión pública para ponerla al servicio de sus intereses).
El objetivo de tantas horas y horas de seudomagacines no es ayudar al espectador a desarrollar su propia opinión sobre lo que sucede a partir de diferentes perspectivas. Todo lo contrario, lo que pretenden es darles la opinión ya masticada desde el punto de vista que más conviene a los intereses de un Gobierno que se ve acosado. Y no, no está acosado por los medios que lo critican, sino por los escándalos de los que son protagonistas directa o indirectamente sus integrantes. Semejante operación de lavado de cara se hace a costa de un empobrecimiento de su diversidad, de su pluralidad, de su calidad.
No entro en la cuestión de si otros canales de televisión son mejores, peores, más plurales o más sectarios en el tratamiento editorial de la información. Allá ellos que, al fin y al cabo, se sostienen gracias al dinero que aportan sus accionistas y anunciantes. Televisión Española es un medio público, lo que significa que lo sostenemos entre todos los españoles. Es nuestra tele, la pagamos nosotros y Sánchez nos la está robando. Nunca, en democracia, había llegado tan lejos.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último