Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Hay responsabilidades... y responsabilidades
CRÓNICA PERSONAL
Varios miembros del gobierno y dirigentes del PSOE han empezado a disparar con bala contra Feijóo. No podían desperdiciar la ocasión de poner en marcha una arremetida que, esperan, tenga consecuencias en las elecciones andaluzas.
Se inicia el juicio de la Kitchen, que forma parte de la Gurtel, y les ha faltado tiempo para presentar al presidente actual del PP como un dirigente contaminado por la corrupción en la que participaron personas de su partido hace más de catorce años.
Hace falta tener mucha desvergüenza para que miembros destacados del sanchismo, movimiento socialista que ha llevado la corrupción hasta el interior de La Moncloa y de Ferraz, traten ahora a Feijóo como si fuera un delincuente. Sí, está la tan traída y llevada foto de hace veinte años en el barco de un narcotraficante, pero no hay nada que pruebe que Feijóo conocía aquella actividad ilegal, ni tampoco que tuviera relación estrecha con Dorado. Pedro Sánchez sin embargo tiene a su principal ministro y hombre de confianza en prisión, una docena de altos cargos imputados, extraños personajes incluidas prostitutas, moviéndose en los círculos de poder y cobrando sueldos públicos sin dar palo al agua. Y, para completar la banda de corrupción o presunta corrupción, a su mujer y a su único hermano investigados también por la justicia.
Feijóo no tiene responsabilidad en la Gürtel, ninguna; el actual presidente del gobierno y líder del Psoe tiene responsabilidades sobre las tramas sanchistas que no se le escapan a nadie
Feijóo, al que con frecuencia se acusa -acusamos- de tibieza a la hora de defenderse, en esta ocasión ha reaccionado como debía: poniendo los puntos sobre las íes, porque no es lo mismo una trama corrupta capitaneada por algunos de los dirigentes más importantes del sanchismo, que los sobresueldos y viajes pagados de la Gürtel. Que costó al PP nada menos que el gobierno, a través de una moción de censura.
Feijóo no tiene responsabilidad en la Gürtel, ninguna; el actual presidente del gobierno y líder del Psoe tiene responsabilidades sobre las tramas sanchistas que no se le escapan a nadie. De momento, ninguna de tipo penal, pero responsabilidades políticas, todas. Un jefe que dirige un equipo trufado de presuntos delincuentes -solo podrán ser considerados delincuentes cuando lo determine un tribunal- no tiene más salida honrosa que dimitir de su cargo. Aquí -Spain is different- el jefe de gobierno no solo no dimite ante el escándalo de presidir el gobierno y el partido con más casos de corrupción de la democracia sino que tiene la desfachatez de exigir responsabilidades a un líder de la oposición sin más pecado que pertenecer al partido en el que militaban personas corruptas, sin que él tuviera mando en plaza en la dirección nacional del partido. María Jesús Montero, tan entusiasta en su papel de acusadora, mejor estaría callada, con dos de sus principales colaboradores investigados por asuntos que huelen de lejos a comisiones y cohecho.
Una vez más el sanchismo cree que los españoles son -somos- analfabetos funcionales. La vara de medir la responsabilidad de cada uno es muy clara: es quien manda en un grupo corrupto, el que tiene que responder ante la justicia y los ciudadanos.
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