Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Siempre me han gustado los animales. Siendo crío cuando los domingos por la mañana en Ourense mis padres después de la misa en Santo Domingo me llevaban al kiosko de “La Viuda” y me decían que eligiera un cuento, yo no elegía un cuento sino un libro sobre animales.
Esa pasión casi infantil me llevó años después en mi juventud y madurez a Gerald Durrell, Stephen Jay Gould, David Attenborough y otros monstruos así de los que he leído o visto casi todo lo posible.
Por eso aunque solo sea un aficionado diletante me gustan los documentales de naturaleza y me fijo mucho. Fui “birdwatcher” (observador de aves) durante años y pensándolo ahora quizás esto también tenga que ver con fijarse mucho. De la misma forma mi trabajo como director creativo publicitario también habrá contribuido a que me fije mucho.
Los elefantes son parecidos, las hembras dirigen las manadas
La zoología cambia como todo. Y la televisión y la comunicación. Algo que me llamó la atención hace años es que en los documentales de naturaleza a un ave marina típica, el alcatraz, de pronto dejaron de llamarlo alcatraz y pasaron a llamarlo picudo. En aquel momento yo supuse que picudo sería un nombre más local, hay muchos alcatraces en las costas de sudamérica sobre todo, y tanto zoólogos como documentalistas, etc., habrían decidido adoptar ese nombre en sustitución del anterior.
Pues bien, no sé si se habrán fijado ustedes pero en los documentales de naturaleza ha aparecido un nuevo concepto que es “hembra-alfa”. Hasta ahora solo había “machos-alfa”. Pero no. Porque hay muchos animales como por ejemplo elefantes o leones cuyas sociedades son claramente matriarcales. Ahora lo sabemos. Los machos no pintan nada ahí salvo para lo de siempre en la época de celo. Lo demás lo llevan las hembras. Todo el curro, el trabajo, toda la responsabilidad y la crianza de los niños.
Por ejemplo, fijémonos en los leones. Los leones no cazan, cazan las leonas, los leones están tirados a la bartola en la sabana todo el día. Mucho rugir, sacudir la melena, enseñar los incisivos y mucho cuento... pero al final las que arreglan todo el asunto son ellas.
Los elefantes son parecidos, las hembras dirigen las manadas. Los machos están por allí como de visita. El caso de los elefantes es especial porque además las hembras cuidan de todos los niños de la manada por igual, sean hijos suyos o no. O sea, como las hembras humanas.
Esto me recuerda algo que leí una vez en un libro de Mircea Eliade, el filósofo y antropólogo, una costumbre de una tribu indígena de indios norteamericanos. El niño era de toda la tribu hasta que cumplía los ocho años, y entonces el propio niño elegía a su padre. Y puede que no eligiera a su padre biológico, sino a un pariente, vecino o amigo que era el que lo había cuidado más.
Ya ven, y esto va para los de mi género los machos-alfa. Nos han estado engañando todo el tiempo, chicos.
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