Heraskevych, patria o trineo en los Juegos

SUEÑOS DE OLIMPIA

Publicado: 23 feb 2026 - 06:10
El trineista ucraniano Vladyslav Heraskevych posa con el casco de la polémica.
El trineista ucraniano Vladyslav Heraskevych posa con el casco de la polémica. | Europa Press

Loable el gesto del competidor ucraniano, Vladyslav Heraskevych, al lucir un casco con 20 deportistas y entrenadores compatriotas, fallecidos en la guerra contra Rusia. Un conflicto que está diezmando a una generación de jóvenes de ambos bandos, por empeño del zar Vladimir Putin y del pelele occidental Volodimir Zelenski.

Pero la norma 50 de la Carta Olímpica en los Juegos reza: “No se permite manifestación o propaganda política”. Si entendemos el derecho a la protesta del trineista ucraniano también él debe asumir las consecuencias. El COI le impidió participar con ese casco. Heraskevych priorizó el compromiso nacional a la competición.

La propia presidenta del COI, Kirsty Coventry, le propuso competir y enseñar después el casco -algo también prohibido por la Carta- para no mezclar ámbitos. Porque el ucraniano está en los Juegos como deportista y no como líder nacionalista. Y si él se empeña en hacerlo ¿por qué no pueden también los rusos, obligados a concursar sin nombre ni bandera?

No hay intención política, evidente, pero el COI prohíbe toda representación de símbolos rusos.

Heraskevych se negó. Después convocó a los medios y acusó al COI de doble vara de medir, por “permitir a una canadiense lucir un lema a favor de Biden” y “a los rusos su bandera”. Removiendo Milán con Santiago no encontramos prueba de lo primero -ni canadiense, o siquiera estadounidense- y sí un caso peculiar en lo segundo.

No fue un ruso -solo hay 13 admitidos- quién sacó su bandera, sino un italiano. Roland Fischnaller (snowboard) portó en el casco las enseñas de los países de sus seis Juegos: Rusia, China, Corea, Italia y Estados Unidos. A modo de una maleta de viaje.

No hay intención política, evidente, pero el COI prohíbe toda representación de símbolos rusos.

El derecho a decidir de Lindsey Vonn

La esquiadora Lindsey Vonn, tras sufrir su caída en los Juegos de Invierno.
La esquiadora Lindsey Vonn, tras sufrir su caída en los Juegos de Invierno. | Europa Press

Imaginen que la excepcional esquiadora estadounidense Lindsey Vonn tuviese mejor suerte en estos Juegos de Invierno. Si, pese a tener una rodilla con un ligamento roto, hubiese terminado la competición, logrado el podio o incluso la victoria, las redes sociales se inundarían con su hazaña.

Tamaña proeza se usaría para justificar esa filosofía barata de “supera tus límites”, “no escuches a quién te impide brillar”, “haz caso a tu corazón”… y tantas mamonadas que están reclutando un ejército de deportistas domingueros lesionados. Y al ser mujer, con la ración añadida del “emporedamiento” y “de romper el techo de cristal”.

Pero no. La triple medallista olímpica y ocho veces campeona mundial cayó a los pocos segundos de comenzar su descenso y se rompió una tibia, terminando de forma trágica y radical sus quintos Juegos invernales.

Lo intentó. Salió mal. ¿No es así la vida? Responsabilizarse de nuestras decisiones, sin culpar a la sociedad o a los demás.

Así que las redes se llenaron de críticas por su “insensatez”, su “inconsciencia” y ese “pésimo ejemplo a los jóvenes, al anteponer la gloria a la salud”.

Ni tanto ni tan poco. En primer lugar, la deportista se cayó por una mala salida de una puerta -el banderín a sortear- por enganchar un brazo y no por culpa de la rodilla. Lo cual no descarta que la articulación lesionada afectase a su técnica o forma de esquiar.

En segundo lugar, Lindsey Vonn es una experta profesional. Como tal, antes de los Juegos se reunió con los médicos y valoró los riesgos posibles. Escuchó a todos y decidió participar, sin presiones de marcas, del estado o “del patriarcado”. Algo imposible en Arabia Saudí.

Lo intentó. Salió mal. ¿No es así la vida? Responsabilizarse de nuestras decisiones, sin culpar a la sociedad o a los demás.

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