Heterodoxia

Publicado: 17 sep 2025 - 01:32
Heterodoxia
Heterodoxia

Recientemente se ha publicado un interesante ensayo colectivo bajo el título Heterodoxos. Diez personajes incómodos de la España del siglo XX, del que quisiera destacar el trabajo de Emilia Landaluce sobre la figura de Julián Besteiro (1870-1949). Vaya por delante que, de entre las figuras señeras del socialismo histórico, me decanto por Fernando de los Ríos, perfil eminentemente intelectual frente a figuras netamente políticas como la tríada Besteiro-Prieto-Largo Caballero. De escoger entre los dirigentes, declaro mi predilección por el primero. Las razones que puedo aducir son las de la autora, concentradas en el concepto de heterodoxia. Así pues, ¿Por qué es Besteiro un personaje incómodo en nuestro siglo?

En buena medida, ya arrastró dicha condición en vida. Este catedrático de Lógica formado en la Institución Libre de Enseñanza, primero militante republicano y luego socialista, fue siempre molesto a diestra y siniestra…aunque paradójicamente acabaría teniendo la doble condición de mártir y mito. Mártir para los progresistas como víctima del franquismo recién instaurado, mito para los conservadores por su denuncia de la influencia soviética en el gobierno republicano hacia el final de la guerra.

Sobre lo primero, las actas de su juicio sumarísimo (uno de tantos al final de la guerra) nos da la idea de la incomodidad que incluso a sus victimarios les producía el hecho de juzgar a un hombre de vida intachable y cuyas ideas la ley difícilmente podía reprimir sin caer en la más absoluta arbitrariedad. De hecho, el mismo fiscal de aquel ominoso tribunal había sido alumno suyo en la Universidad. Buena forma de homenajear al maestro.

Sobre lo segundo, Besteiro representó la visión pragmática de un corpus doctrinal teóricamente marxista y prácticamente socialdemócrata, opuesto a la aplicación soviética de la dictadura del proletariado. Lo que fuera en Marx una figura retórica contrapuesta a la tiranía del capital, Lenin la tradujo en aquel dramático “¿Libertad, para qué?” atajado por Fernando de los Ríos con su elemental “Libertad para ser libres”. Así, Besteiro rechaza unirse a la insurrección de 1934, a pesar de haber liderado la huelga general revolucionaria de 1917. Estaba escarmentado y, ante el dilema reforma-revolución, él escogía el camino gradual y legalista de las reformas profundas y las mayorías cualificadas, llegando a escribir al término de la contienda que “estamos derrotados nacionalmente por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos.”

Con todo, su episodio más controvertido sería la incorporación al golpe de estado del coronel Casado semanas antes del final de la guerra, con Azaña dimitido y sin parlamento operativo. Si bien sus perjudicados, Negrín y los comunistas, no se lo perdonarían jamás, socialistas y anarquistas engrosarían los apoyos del nuevo Consejo Nacional de Defensa. Aquí vemos la complejidad del dilema en su crudeza: traición en el último momento o fidelidad a la causa hasta el final, ya que pudiéndose ir -como el resto de dirigentes republicanos- rechazó todos los ofrecimientos permaneciendo en la capital para correr la misma suerte que los obreros y el pueblo de Madrid.

¿Quién fue, pues, Besteiro? Ortega y Gasset reconoció que había votado al Frente Popular tras tachar todos los nombres menos el suyo, y Juan Ramón Jiménez afirmó que, de haber estado en el poder, habría podido evitarse la lucha fratricida. Pero quizás fuera él mismo quien mejor se definiera al dejarle esto escrito a su viuda: “Nunca hubiese podido dejarte cuantiosos bienes de fortuna, pero te dejo en cambio un nombre respetable que algún día, creo yo, habrá de imponerse a la consideración de las gentes”.

En efecto, hoy nadie cuestiona la buena hombría de Besteiro, pues todo lo tenía y todo lo perdió por lo que algunos llaman cabezonería y otros lealtad a sí mismo. Quizás por ello se dice que su legado no encuentra acomodo en ningún partido, salvo el propio. Personalmente, nada me gustaría más que poder asegurar lo contrario, y que su amado partido fuera garante de la palabra dada tal como él predicó con el ejemplo. No puede escogerse el tiempo en que vivimos, pero sí la respuesta que le damos a los problemas que se nos plantean. En Ourense, a pesar de haber pasado por nuestro Instituto Ramón Otero Pedrayo, no hay aula, placa, busto ni calle que le recuerde. La vida, decía Besteiro, no es alegre ni triste, sino simplemente seria

Contenido patrocinado

stats