El hombre al que todos temen

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 29 jul 2025 - 04:50
Opinión en La Región | La Región
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Dado que en Donald Trump todo es excesivo, los seis meses que acumula en su segunda presidencia son tiempo suficiente, si no para el balance, que llegará en su día, sí para saber a qué atenernos. Siendo un hombre tan genuinamente polarizador, tan divisivo, no es fácil escapar a los estereotipos, a las condenas más absolutas o los ensalzamientos más ciegos. En el campo de los amenazados por su intemperancia, ganan por goleada los pragmáticos, aquellos que prefieren un mal acuerdo a un buen pleito. Es evidente que algunas de las posiciones del gobierno español no encajan en esta fórmula. Los choques a cuenta del esfuerzo económico para incrementar la defensa militar, un eufemismo con que alimentar la industria armamentística americana, o el reconocimiento del Estado de Palestina, son piedras en el zapato de las relaciones entre España y Estados Unidos. También, el dolor por el trato dispensado a los migrantes hispanos al norte del río Bravo.

Raro es el asunto de interés global que no haya sido tocado, alterado o condicionado por el empresario inmobiliario trasmutado en dirigente político global

En todo caso, el semestre presidencial de Trump, su hiperactividad y nulo respeto a las convenciones, han trastocado las agendas de los gobiernos y el modo de afrontar las relaciones bilaterales. Raro es el asunto de interés global que no haya sido tocado, alterado o condicionado por el empresario inmobiliario trasmutado en dirigente político global. Bajo su impetuosa e imprevisible influencia se han forzado las reglas de juego, se han saltado todos los procedimientos habituales en los foros multilaterales, se ha dorado la píldora a todos cuantos sátrapas nos hacen dudar de la civilización y se ha humillado y debilitado a sus víctimas. Más allá de la grandilocuencia, los insultos, los malos modos, las amenazas y la egolatría en grado sumo, lo que va quedando es la hiperactividad destructora del líder de la primera potencia al que todos han aprendido a adular y a no contradecir. Quien más quien menos, en el concierto político y económico internacional, descuenta los días que faltan para que Trump se convierta en el famoso “pato cojo” de la segunda mitad del mandato, el momento en que se empiezan a hacer quinielas sobre la sucesión.

Mientras tanto, Trump muestra a diario su complacencia con los drones de Putin sobre la afligida Ucrania y los bombardeos israelíes o el exterminio palestino en Gaza; el maltrato y la humillación a los migrantes hispanos y el establecimiento de aranceles comerciales para no reconocer a sus electores la imposibilidad de devolver al país los empleos industriales que volaron hacia países con menores costes laborales. Obnubilado por las extraordinarias capacidades de su país, Trump siempre, en primera instancia, parece preferir la fuerza del león a la inteligencia del ratón. Un hombre al que todos temen y casi nadie aprecia.

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