Homenaje a la vejez

TRIBUNA

Publicado: 23 sep 2026 - 00:10
Madrinas con los ancianos en el II Homenaje a la vejez en Ourense. Revista La Estampa.
Madrinas con los ancianos en el II Homenaje a la vejez en Ourense. Revista La Estampa.

Con sus más y sus menos…; pero, a ratos, nos acordamos de ella. Antaño, se denominaba ancianidad caduca; hoy, eufemísticamente, Tercera Edad. No obstante, ya las Sagradas Escrituras le habían rendido tributo. “En los ancianos -le decía Job a Sofar- está el saber y, en la longevidad, la sensatez…”. Y si bien es cierto que, en ocasiones, quedó reducida a una flor sin aroma o a un árbol sin frutos, como si nada aportase al acervo social, sin embargo, otras veces, la conciencia del ser humano, avivada por el latigazo de que nadie se libra de envejecer, puso en funcionamiento la virtud de la caridad, vinculada a la empatía, a la benevolencia o a la solidaridad.

La indigencia en la que vivían aquellos náufragos que lo habían dado todo luchando contra el oleaje de la vida, ponía en marcha a benefactores que, ante la impotencia del Estado de hacer frente a la precariedad, optaban por donar sus bienes temporales con la finalidad de realizar obras sociales. Unos, construían asilos, como los Hermanos Prieto, en O Carballiño; otros, de forma más modesta, siguieron el ejemplo de San Sadurní de Noya.

En aquella localidad catalana, en 1915, una persona filántropa, anónimamente, había depositado 20000 pesetas en manos del director de la Caja de Pensiones para la Vejez. La benéfica donante había puesto como condición, para hacer uso de aquel depósito, que, además de conservar el anonimato, se emplease el dinero en obras de beneficencia social. Entonces, el director de la Caja, viendo las necesidades que pasaban muchas personas mayores decidió honrar la trayectoria humana de quienes, al final de sus vidas, a la vejez se le venía a añadir la pobreza. Se fundó, así, la obra de Homenajes a la Vejez. Después, tratando de que tuviese un carácter religioso, se valoró celebrar aquellos actos el día de Pascua. Fue tal la acogida que tuvo, que pronto creció el ejemplo por otras poblaciones no solo de Cataluña sino también de otras regiones de España; e incluso, de países europeos -Francia o Alemania-, y extraeuropeos, como Japón.

Lo sorprendente había sido que este tipo de eventos en Ourense se había hecho esperar. Pese a todo, un año más tarde de que, en la I Conferencia Internacional de Servicios Sociales, celebrada en París -en julio de 1928-, se acordase aceptar el principio de ejemplaridad de aquellos homenajes, y la conveniencia de exportarlos a los países civilizados, se celebra la I Fiesta Homenaje a la Vejez en la ciudad de As Burgas. En marzo de 1929, con un panorama político de corte paternalista, interesado en la protección social, se reúne una Comisión del Patronato Social, bajo la presidencia de Villanueva Lombardero, en la Cámara de Comercio. Los asistentes secundan la iniciativa de la Caja Regional Gallega y de las Juntas locales con el propósito de celebrar una Fiesta para honrar la ancianidad ourensana. La propuesta se vio favorecida por el gobierno de Primo de Rivera, que, en abril, con carácter extraordinario, creaba un fondo para subvencionar este tipo de actividades.

A finales de septiembre, en el Teatro Losada, a las doce de la mañana, tiene lugar la I Fiesta del Homenaje a la Vejez. La banda municipal comenzó interpretando escogidas piezas de su repertorio. Pero el núcleo central lo constituía la “Proclamación de los ancianos”. Por lo general, se le hacía entrega de libretas de pensión a personas que se hallaban en estado de abandono y no percibían ningún tipo de derecho pasivo, ni de procedencia oficial ni privada. Con aquellos abonos, se pretendía que dejasen de implorar la mendicidad callejera o la beneficencia municipal. Al mismo tiempo, era una manera de rendirle tributo a personas que habían agotado su existencia sirviendo a la sociedad.

El acto estaba presidido por las autoridades y por miembros que formaban parte del Comité organizador. Ocupaban la parte central en el escenario. Luego, a ambos lados se situaban los homenajeados -en esta ocasión, siete mujeres y tres hombres-, junto a las jóvenes madrinas que los acompañaban en el momento de recoger las libretas de pensión, un sobre con 60 pesetas -correspondiente a los meses de agosto y setiembre-, y una cesta con la merienda que le regalaba la Caja Regional.

Si bien resultó un acto muy emotivo, no se volvió a celebrar una segunda edición hasta quince días antes de proclamarse la II República. El domingo de Ramos, 29 de marzo de 1931, de nuevo en el teatro, situado en la calle de Paz Nóvoa, a propuesta del mismo presidente del Patronato, se acordaba celebrar la II Fiesta Homenaje a la Vejez. En esta ocasión, el número de favorecidos era menor. No porque la aportación de las Juntas locales tendiese a la baja, sino porque el Estado, en una época convulsa, atendía más a cuestiones políticas que sociales.

De todos modos, este esporádico reparto de pensiones a la vejez, no solo ponía de relieve que había personas que no podían ser ignoradas, sino también que hacía falta cambiar el sistema para llegar a todos. Era necesario prevenir. Y, se habían dictado leyes desde el Instituto Nacional de Previsión, sí; pero el problema era que ni el Estado podía soportar con toda la carga, ni tampoco el patrono. Todos debían de contribuir.

Contenido patrocinado

stats