Solo el pueblo salva al pueblo

Publicado: 04 nov 2024 - 07:11

Opacidad, inacción y luchas políticas entre grupos de todos los colores. Y mientras los políticos discutían del sexo de los ángeles, llevamos más de 200 muertos y 2500 desaparecidos hasta el momento. Noto la bilis revolverse en mi garganta mientras escribo estas palabras. No paro de leer testimonios y he seguido de cerca la situación por aquellos amigos que tengo en Valencia. El mayor desastre humanitario de todo este siglo. Y sin embargo las administraciones siguen más preocupadas por evitar responsabilidades que por ayudar a la nación en este momento de crisis. La gente se pregunta donde está el Ejército mientras recoge las pocas pertenencias que sobrevivieron a la riada. El Estado aparece en el día a día del ciudadano como una carga, pero desaparece cuando éste más lo necesita.

Era necesario un plan en marcha para dar paso a las extricaciones inmediatas hacia aquellos supervivientes enterrados dentro del primer día y medio. En estos casos la mayoría de las personas atrapadas mueren entre las 12 y 36 primeras horas por lesiones secundarias a aplastamiento o debido a que no pueden mantener más tiempo la cabeza por encima del nivel de lodos por agotamiento. ¿Qué tuvimos por el contrario? Un Gobierno autonómico incompetente, indeciso obstruyendo las labores de auxilio ciudadana y un Gobierno central que no permitió la intervención del Ejército en la comunidad en base a vagas excusas. El leviatán ya no solo pesa sobre las espaldas de sus ciudadanos, sino que a mayores es incapaz de ofrecerles protección. Cuando la Administración divagaba en sus despachos, fueron los propios ciudadanos los que acudieron a la ayuda de sus compatriotas. Asociaciones por toda España se coordinan para mandar víveres a Valencia. Los valencianos de la capital acuden en masa a las zonas afectadas para ayudar, pero también va gente de todo el país. Uno de los casos de organización ciudadana más impresionantes es el centro de ayuda improvisado de Arganda del Rey en Madrid, donde decenas de camiones y cientos de furgonetas desde el 31 de noviembre llevan material de necesidad a las zonas afectadas de forma constante.

puede que encontremos las semillas para el renacer de una sociedad sana y políticamente vigorosa

Vivimos un notable florecimiento del asociacionismo civil ante la incompetencia de la Administración. Paulatinamente, la sociedad recupera competencias que llevaban décadas exclusivamente en manos del estado. Según Robert Putnam, el asociacionismo civil llevaba en decadencia desde los años 60 en Occidente. El estado del bienestar fue ocupando funciones que tradicionalmente habían suplido la propia sociedad civil, aislando progresivamente a los individuos de las necesidades de sus vecinos. Sumado a la reivindicación de la libertad individual que cobra fuerza en la era del neoliberalismo y a los nuevos patrones de ocio narcisista, el egoísmo moderno fue desterrando el comunitarismo y la caridad hacia el otro. En palabras de Byung-Chul Han: “El Eros se dirige al otro en sentido enfático, que no puede alcanzarse bajo el régimen del yo.” Las acciones políticas comunican con el Eros (el amor), pues suponen el deseo común de otra forma de vida. Por lo tanto, en medio de la decadencia de nuestra nación, que nos pasa inadvertida por ser lenta y agonizante y se suele comparar con la analogía de la rana hervida, puede que encontremos las semillas para el renacer de una sociedad sana y políticamente vigorosa.

El hombre es un ser moral, no sólo por ser racional, sino por ser además social. Es naturalmente moral por ser naturalmente social. La noción comunitaria del hombre, por lo tanto, o democrática si queremos usar el lenguaje de Tocqueville, se aprende en la vida civil y mediante el asociacionismo. A través del asociacionismo el hombre aprende a establecer ethos o fines comunes, y de esa manera puede desarrollar un fin común que organice toda la vida pública. Para el buen funcionamiento de una sociedad, Putnam usa el concepto de capital social, esto es, conexiones entre de los individuos de una sociedad. Y además de que los individuos se conozcan, es necesario que se reconozcan y compartan una serie de fines comunes. De esta manera, lo que el hombre aprende asociándose con sus iguales de acuerdo con un fin común, organizándose de acuerdo a este, será lo que luego proyecte a la política, dando un espíritu político que no se puede aprender en ninguna clase de educación cívica.

Es por esto por lo que, en medio del caos y la miseria, las semillas de esperanza pueden ser plantadas. No ya por los testimonios de bondad humana y altruismo que muestra la movilización cívica por Valencia, sino por los frutos que pueden dar estas nuevas dinámicas de autoorganización ciudadana, que florecen con fuerza cuando el leviatán que durmió a la sociedad con la promesa de la eterna seguridad se muestra ausente.

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