Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
A soidade da Fervenza do Gorgua
En Samoa nunca existió el 30 de diciembre de 2011, viernes. A raíz de una iniciativa parlamentaria, este pequeño archipiélago del Pacífico por el que pasa la denominada Línea Internacional del Cambio de Fecha -convención que separa el Este del Oeste- modificó por completo su huso horario, omitiendo para siempre ese día en su Historia. Los samoanos durmieron un jueves para despertar el sábado. Y todo con la finalidad de vivir en el mismo día, tres horas por delante, que los países vecinos con los que mantiene, en la actualidad, mayor relación: Australia y Nueva Zelanda. Y con los que, sin embargo, mantenía hasta entonces mayor distancia temporal: 21 horas menos. Burocracia e intereses comerciales detrás de algo tan presumiblemente poético.
El controvertido cambio de hora, que no de huso horario, que cada medio año causa polémica en España, provoca risa en Samoa. A fin de cuentas, en la madrugada de hoy, domingo, las 2 horas pasaron a ser las 3, pero del mismo día. Cierto es que la hora adoptada no se corresponde con la situación geográfica de la España peninsular, y que el horario de vida cotidiana dista en nuestro país del solar, por motivos fundamentalmente culturales. Por no hablar de los trastornos de conducta y sueño que este desajuste -aseguran- provoca. También que la dependencia energética nacional y las relaciones de actividad y comerciales no conocen de todo lo anterior y exigen, en sentido contrario, pragmatismo.
Ahora bien, con independencia de la filiación horaria que deba adoptar España, conviene concienciar a la sociedad sobre el verdadero valor del tiempo y la importancia de una adecuada gestión del mismo. En vano resultará asumir como propia la hora del meridiano de Greenwich si no articulamos medidas de racionalización horaria para optimizar el aprovechamiento del tramo diurno de la jornada. O si no abandonamos hábitos laborales de otro tiempo, caracterizados por el imperio de la presencia, que no de la eficiencia, y jornadas de trabajo tan maratonianas e intempestivas como a veces improductivas. Si no comprendemos, en definitiva, que el del horario no es sólo un problema de husos sino, fundamentalmente, un asunto de usos y abusos.
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