Lo que la IA sabe de ti sin que se lo hayas contado

Publicado: 19 jul 2026 - 00:45
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Le pregunté a una inteligencia artificial algo sencillo: datos de un libro que había comprado. No le di detalles, no le conté de qué se trataba. Solo le di el título.

Y la IA me respondió con información que no esperaba: qué día había comprado el libro, a quién, cuánto había pagado, el número de seguimiento del envío, la dirección de entrega. Todo era cierto. Y todo lo había obtenido de mis correos, a los que había tenido acceso porque en algún momento, sin prestar demasiada atención, le había dado permiso para ello.

La información no era especialmente sensible. Solo un libro. Una compra mundana. Nada ilegal, nada vergonzoso. Pero era mi información. Y estaba ahí, procesada y disponible, sin que yo hubiera sido consciente de lo que estaba revelando con una pregunta inocente. Esa sensación de incomodidad que sentí no era paranoia. Era una señal completamente legítima.

La pregunta es si entendemos todo lo que revelamos cuando hablamos con la Inteligencia Artificial

No es un problema de conspiraciones ni de vigilancia estatal. Es algo mucho más cotidiano y por eso más difícil de ver: la erosión gradual de esos pequeños espacios de privacidad que ni siquiera sabíamos que teníamos. Con los humanos hay límites naturales. La memoria falla, la atención se dispersa, la capacidad de procesar información tiene un techo. Con la inteligencia artificial no hay olvido, no hay distracción, no hay límite. Todo queda. Todo se analiza. Cada imagen, cada documento, cada conversación se convierte en una confesión involuntaria. Esto no requiere tecnología sofisticada ni intenciones maliciosas. Solo requiere que no prestemos atención.

En la costa gallega, los pescadores siempre supieron que el mar da y quita, y que ignorar sus condiciones no las cambia ni las hace desaparecer. La inteligencia artificial da acceso, eficiencia, capacidad. Y quita, si no estamos atentos, algo más difícil de cuantificar: el control sobre los propios datos, sobre los propios patrones de comportamiento, sobre la propia intimidad.

Lo comparto como invitación a la consciencia, que es precisamente lo que echamos en falta cuando adoptamos nuevas tecnologías sin detenernos a pensar qué estamos cediendo junto con la comodidad que ganamos. Incluso quienes nos dedicamos a pensar sobre esto, quienes llevamos años insistiendo en la adopción consciente de la tecnología, nos sorprendemos ante la facilidad con la que la intimidad se desvanece cuando no prestas atención. Si a cualquiera de nosotros nos pasa, puede pasarle a todos.

La pregunta ya no es si la inteligencia artificial puede entendernos. Puede hacerlo con una precisión que sorprende. La pregunta es si entendemos todo lo que revelamos cuando hablamos con ella. Y la respuesta honesta, la mayoría de las veces, es que no.

Contenido patrocinado

stats