Jenaro Castro
MORRIÑA.COM
Vai chover, carallo
DÍAS Y COPLAS
En España tenemos un talento innato para la contradicción y en ella vivimos. Somos capaces de defender con solemnidad la necesidad de aumentar la natalidad -porque el país se nos queda sin bebés- y, al mismo tiempo, abrir el debate sobre el aborto como derecho fundamental. Una paradoja que parece escrita por dramaturgos de la incongruencia. Es como querer llenar la nevera mientras discutimos si apagamos el frigorífico.
El tema se viste de gala en los discursos institucionales: ministros que hablan de incentivar la maternidad con cheques bebé, mientras otros reivindican la libertad de decidir sobre el propio cuerpo. Un cóctel que haría sonrojar a Kafka: ¿queremos más nacimientos o más interrupciones voluntarias? ¿O simplemente queremos más titulares? En medio de este escenario aparece Heridos, una película que desvela en primera mano el documento vital de cuatro personas pegadas a las consecuencias de un aborto. El documental consigue dejar huella al mostrar que un aborto no es un trámite administrativo, sino una experiencia que marca. Pero aquí surge la incongruencia nacional: mientras el cine nos recuerda las heridas, la política se enreda en discursos que parecen escritos por guionistas rivales. No se trata de cuestionar el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo -un principio que forma parte de las sociedades democráticas avanzadas-, sino de señalar la incoherencia de un país que diagnostica un problema demográfico y responde con medidas que no lo abordan, es como ordeñar la vaca y al terminar darle una patada al cubo de la leche. El cine, con su capacidad de emocionar, subraya lo que la política omite: las consecuencias personales y sociales de una decisión que, aunque legítima, deja cicatrices.
El humor nos salva del desgarro. Porque si uno escucha a ciertos portavoces, parece que la solución a la baja natalidad es tan sencilla como repartir cunas en las rotondas. O que el aborto, por el contrario, es un botón rojo que se pulsa sin consecuencias. La realidad, como siempre, es más compleja: la natalidad baja por precariedad laboral, falta de conciliación y un modelo social que convierte tener hijos en un lujo. Y el aborto, lejos de ser un capricho, deja huellas físicas, emocionales y sociales que no se borran con un decreto. La paradoja española es, en realidad, un síntoma de nuestra política de titulares: se proclama la urgencia de aumentar la natalidad, pero se ignoran las condiciones que la hacen posible. Se reivindica el derecho al aborto, pero se evita hablar del dolor que deja. Entre ambos extremos, la sociedad queda atrapada en un discurso que oscila entre la cuna vacía y la herida invisible.
España necesita menos contradicciones y más congruencia. Porque la verdadera herida no es solo la del aborto, ni la de la baja natalidad, sino la de un país que se resiste a mirar de frente sus problemas estructurales.
Los datos actuales son claros: España registra una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, mientras los debates sobre derechos reproductivos se intensifican. La paradoja no está en elegir entre bebés o libertades, sino en olvidar la realidad de los jóvenes con salarios insuficientes, alquileres imposibles y un sistema que coloca maternidad y paternidad como dedicación a las mascotas. Estamos atrapados. El país exige menos discursos cruzados y armonía. Porque si seguimos así, acabaremos rodando nuestra propia película: Heridos… por la incongruencia.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Jenaro Castro
MORRIÑA.COM
Vai chover, carallo
Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Aquí no dimite nadie
Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Lembranzas de Otero Pedrayo no centenario da Guía de Galicia
Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
Blas de Lezo
Lo último
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este miércoles, 4 de febrero
ORÁCULO DAS BURGAS
Horóscopo del día: martes, 4 de febrero
PARA RESCATE Y EVACUACIÓN
La UME despliega 250 militares y 90 vehículos especializados en Huelva, Cádiz y Granada ante el temporal